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Arsenio Quevedo no es un asesino; Comunicado de Prensa

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Arsenio Quevedo no es un asesino y sus alumnos creemos con firmeza que jamás ha colaborado, en modo alguno, con tales causas. Arsenio es un hombre de pueblo que dedicó su juventud y gran parte de su vida de hombre adulto a formar jóvenes deportistas en San Juan de la Maguana, orientándolos para mantenerlos alejados de los vicios y enfocados en sus estudios, en el trabajo honesto y en el deporte. Jóvenes que hoy son profesionales (médicos, ingenieros, abogados, contadores, militares) destacados y reconocidos en sus respectivas disciplinas.

Arsenio es un hombre del Deporte. Es el padre del Tae Kwon Do en San Juan, así como también fundador de la asociación que agrupa esta disciplina deportiva en la provincia. Es uno de los fundadores de la Unión Deportiva de San Juan de la Maguana y también se desempeñó como Director Técnico de Deporte en San Juan de la Maguana del entonces SEDEFIR (hoy Ministerio de Deportes). Los compromisos y las circunstancias económicas lo llevan al sector Transporte donde la misma naturaleza de esa actividad lo relaciona con personas cuyos principios y conducta no se corresponden con los que él nos orientó y que a su vez nosotros hemos traspasado a múltiples generaciones. La firmeza que conocemos del maestro Quevedo, nos permite asegurar que también en su trabajo como transportista se mantuvo como siempre: justo, equilibrado y apegado a estos mismos principios y conducta que nos inculcó. Fue al sector Transporte a hacer  lo mismo a lo que ha dedicado toda su vida: a servir y construir, no a destruir.

Los que, con nuestra moral y nuestras firmas, apoyamos al maestro Quevedo lo conocemos como un hombre íntegro, correcto e incapaz de afectar la vida de ningún ser humano. Resulta doloroso y frustrante escuchar cuando con marcada impotencia, pero con la firmeza que le caracteriza, el maestro Quevedo nos repite: “soy totalmente inocente; no sólo porque así me considere yo, sino porque, además, no hay una sola prueba que me vincule a hecho alguno, ni prueba que en forma alguna afecte mi estado de inocencia. Por principio y por convicción, me considero un hombre de bien, incapaz de dañar a alguien, pero mucho menos colaborar para dañar a un ser humano”. Sin el más mínimo viso de dudas, prosigue: “No existe una sola prueba en la que se evidencie que Arsenio Quevedo, dispuso, dio alguna orden o tomó participación alguna, para hacer daño a alguien; una sola prueba no la hay, para que se me condene.”.

Nos duele en lo más profundo ver como este revés de la vida que amenaza su existencia ha  deteriorado su estado de salud física y mental. A pesar de lo impactante que resulta ver su imagen deteriorada y escuchar su voz quebrada, nos alegra percibir que aún no le han quebrado los valores y principios cultivados por años consagrados al Deporte y a la Enseñanza. Tampoco su esperanza ha quebrantado: mientras nosotros le hemos manifestado escepticismo sobre nuestro Sistema de Justicia, él, con todo y la pesadilla que ha vivido, reacciona con visible esperanza: “Espero mi Libertad, como todo hombre inocente juzgado por un verdadero Sistema de Justicia”.

Arsenio Quevedo, maestro, hermano, amigo, esperamos que así sea. Atentamente, sus alumnos de siempre:

Milton Pérez

Richard Alcántara

Manuel de los Santos

José Joaquín Ramírez

Antoni Valdez

Ramiro Caamaño

Sofia Adames

Yisel Paulus

Jorge Eduardo Nin

Jesús María de los Santos Guillermo Prince

Alejandro Bautista

Juan Octavio Mateo

Francis Vargas Mordan

Maxuel Nin Bello

Juan Ramírez

Melvin Pérez Cedano

 

Marco Familia

Nasiris Pérez

Alejandro Suero

Pedro Antonio Suero

Orioly Mejía

Indira de León

Adalberto Cedano

Milenis Fernández

Manuel Ramírez

Wascar Nin

Soviesky Sánchez

Richard Orozco

Winder Sánchez

Francisco Familia Corleone

Francisco Ramírez

Samuel Rosario

Dalton Pérez

Androver Medina

Edgar Sánchez

Freddy Yanfier Cordero

Jose Rodríguez

Francis Vargas M.

Edgar Sánchez

Richard Orozco

Edgar Andújar

Kelly Ramírez

Teófilo Elías Cabral

Euris de León

Gustavo Ramírez

Heleodoro Montes de Oca

Augusto Medrano M

Wellington Fernández O.

 

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0 Comments

  1. Maxwell Pérez

    12 marzo, 2018 en 3:33 am

    Me adhiero en todas sus partes al documento presentado por los infrascritos, a la vez que inscribo el propio en esa lista.

    El Maestro Arsenio Quevedo nos inculcó con sus enseñanzas y el ejemplo el camino del respeto, estudio, moral, defensa de los más débiles, justicia, solidaridad y compañerismo.

    Se preocupó porque cada uno de sus alumnos cumpliera sus obligaciones escolares y familiares, así como un comportamiento social ejemplar, para lo cual empleaba varios métodos de fiscalización y seguimiento.

    Desde sus inicios en San Juan, se consagró al trabajo y luego de largas y duras jornadas laborales, dedicaba, al menos, dos horas para enseñar Tae Kwon Do cada día.

    Cuántos padres y madres confiaron sus hijos al Maestro Quevedo, debido a su prestigio y entrega! No recuerdo una sola queja, ni un solo escándalo, por el contrario sí mucho agradecimiento y reconocimiento.

    No solamente sus alumnos, estoy convencido de que el pueblo de San Juan se siente altamente agradecido por los aportes realizados por Arsenio Quevedo, El Cinqueño, y a la vez le ofrece su solidaridad y respaldo en este momento tan difícil, en donde se intenta manchar una trayectoria pulcra y encomiable, pero tal y cual como el oro, brillará mucho más después de ser sometido al fuego.

    Atentamente,

    Ing. Maxwell Pérez Gerónimo

  2. ARTEMIO ESCALANTE VIDAL

    12 marzo, 2018 en 2:18 pm

    como amigo y profesor que fue Arsenio Quevedo, estoy seguro que no es capaz de hacerle daño a ninguna persona reclamamos la libertad de Arsenio Quevedo.

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Opinión

Eduardo Dauhajre: Los Valientes Andan Solos

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Rafael Pineda

Por: Rafael Pineda

MONTEVIDEO, Uruguay- Un vaquero provoca una pelea en un bar para que lo lleven preso y así poder reunirse con su mejor amigo a quien le propone fugarse; rompe los barrotes de la cárcel con una sierra escondida en los talones del zapato y se escapa reiniciando su vida emancipado: Es un hombre que ama la libertad sobre todas las cosas: Duerme sobre las arenas de los desiertos, se despreocupa del resto del mundo; su existencia está ajena al avance del progreso, al nacimiento de una nación que en las ciudades levantaba rascacielos. Así empieza la película “Los valientes andan solos”, del director David Miller, una joya cinematográfica con la que Salvador Marra estaba dando apertura al Cine Alba-Mirian, el que posteriormente sería adquirido por Eduardo Dauhajre,

Aquella noche, yo, un jovencito que no había cumplido los 12 años, fui al estreno de ese cine y disfruté un millón las aventuras del cowboy perseguido por el sheriff (Walter Matthau) en ese cine que también se convertiría en el ícono de mi barrio. Allí tuve mi primera experiencia en un cine-fórum, dirigido por José Danilo Domínguez y los liceales de la época, con la película “El Evangelio Según San Mateo”, de Pier Paolo Pasolini; quedé fascinado por las discusiones entre esos jóvenes aristotélicos sobre temas que yo desconocía absolutamente.

Transcurría la década del 60. Los estadounidenses invadieron la República y tras su retirada dejaron una gran frustración entre la juventud que se viò derrotada en el plano militar.

Al iniciarse el período de la post guerra, José Danilo Domínguez me presentó a Eduardo Dauhajre asignándome la tarea de llevarle el semanario El Popular y posteriormente el HLC, y recibir de sus manos las colaboraciones económicas que todos los meses le aportaba al movimiento revolucionario.

Hoy, al levantarme, me sorprende la noticia de que Dauhajre ha muerto.

¿Por qué sorprenderse uno cuando muere una persona? La muerte no debe ser sorpresa para nadie porque todos vamos a morir. Así ha sido desde que aparecieron los primates y los monos antropoides que luego se transformaron en hombre hace 70 millones de años. Lo aclara también la Ley de la negación de la negación: Todo nace, crece, se desarrolla y se transforma.

La vida y la muerte van pegadas. Es la lucha entre lo viejo y lo nuevo. Che Guevara, símbolo del hombre valiente que no titubeó al dejar la comodidad de un Ministerio ni el respeto de un pueblo que lo amaba para ponerse la mochila al hombro e irse a cruzar ríos, caminando entre montañas y poblaciones, a reivindicar a los oprimidos que sufrían injusticias, escribió una vez: “En cualquier lugar y en cualquier momento que me sorprenda la muerte, bienvenida sea”.

Así ha sido y así será infinitamente. Hay un momento en la vida del ser humano en que la muerte se hace inevitable, sin importar que el sujeto sea creyente o ateo, honesto o malandrín, rico o pobre, hacendoso o vago, villano o patriota. La Ley de la naturaleza es la Ley y a todos alcanza por igual. Sin embargo, los hombres no abandonamos la costumbre de sorprendemos ante la presencia de la muerte.

Para la filosofía existencialista la vida es un absurdo. Y para Friedrich Nietzsche por boca de su personaje Zaratustra, el hombre es una cuerda tendida sobre un abismo

Desde que José Danilo me presentó a Eduardo Dauhajre aquella mañana del caluroso “invierno” sanjuanero, establecimos una cálida relación y lo distinguí como se distingue a un amigo. Y el también. No sé cuántos años tenía porque la edad es un tema que entre dominicanos nunca se toca; tampoco sé la enfermedad que padecía. Sé que sus ancestros eran libaneses de los que emigraron a la República Dominicana a principios del siglo XX. Estaba considerado entre las 100 personalidades más influyentes de San Juan de la Maguana. También sé que era (como casi todo buen descendiente de libaneses, árabes, judíos o palestinos) comerciante: Desde joven tuvo una tienda de tejidos en la avenida principal de nuestro pueblo y fue dueño de las únicas tres salas de cine que había en la ciudad; llegó a ser gobernador cuando la República entró en democracia después de la dictadura de 12 años de Joaquín Balaguer. Fue diputado y cónsul en Miami. Colaboró con todas las causas progresistas, sociales y políticas; fue entusiasta promotor del deporte, comentarista radial y soñó la creación de un polo turístico que aún está esperando el valle de San Juan.

Asocio el recuerdo de Eduardo Dauhajre con aquel western de David Miller (Los valientes andan solos) protagonizado por Kirk Douglas y Michael Kane, que sirvió para inaugurar el cine Alba-Mirian porque durante años fue tema de conversación entre nosotros. Ocasionalmente colaboré con él en la selección de películas de autor para sus cines y me dio privilegio para organizar cines fórum en el Antonieta y en el Cinema-Purita, los otros teatros de su propiedad.

El amigo se va, como se han ido otros de su estirpe. Deja los recuerdos de los buenos momentos compartidos y las huellas positivas en su paso por la vida.

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Opinión

Retos y desafíos de la educación inclusiva en la República Dominicana

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Por: Arisleyda Maciel Florian y Natividad Medrano Adame

Resumen

En este artículo se presentan los retos y desafíos a los que se ha enfrentado la implementación de la educación inclusiva en la República Dominicana. Se analizan las actitudes de los maestros y la familia frente a esta propuesta, ya que no es un secreto que tanto los educadores como la familia desconocen el derecho a la educación que tienen los niños con necesidades especiales. Es importante conocer las leyes que sustentan estos derechos, además es necesario conocer la estructura del sistema educativo dominicano, y las adaptaciones a nivel curricular para hacer cambios que permitan atender a la diversidad.

Palabras claves: currículo, educación inclusiva, familia, maestros, legislación, retos y desafíos, sistema educativo.

Arisleyda

Arisleyda Maciel Florian.

Introducción

La educación es un derecho de todos, es el medio fundamental de las sociedades para conservar, transmitir y transformar la cultura y la vida de los individuos. En este sentido se constituye en el soporte para el desarrollo de las humanidades, la ciencia y la tecnología, actividades sustantivas para el avance y el progreso de las naciones. Una aspiración de la sociedad es aumentar la calidad de la formación de los miembros que la integran para lograr el nivel de competitividad exigido por los procesos de modernización y globalización. Para enfrentar los retos impuestos por las actuales exigencias internacionales es indispensable fortalecer la educación inclusiva en la República Dominicana.

Sistema educativo en la República Dominicana

En la República Dominicana, el derecho a la educación es un derecho constitucional, marcado en con el nombre Derecho a la educación, el cual cita: Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones. Art. 63.

Según la Ley general de educación 66-97 el sistema educativo tiene como uno de sus principios la educación permanente. A tal efecto, el sistema educativo fomentará en los alumnos desde su más temprana edad el aprender por sí mismos y facilitará también la incorporación del adulto a distintas formas de aprendizaje.

Para cumplir con estos fines, el sistema educativo dominicano comprende los siguientes niveles: Nivel Inicial, Nivel Primario, Nivel Secundario y el Nivel Superior
La educación básica en República Dominicana es obligatoria, ya que es la etapa del proceso educativo considerado como el mínimo de educación a que tiene derecho todo habitante del país. Mientras que el nivel secundario no lo es, aunque es deber del estado ofrecerla gratuitamente.

El currículo dominicano ha sido modificado para ajustarlo a las demandas que plantea la sociedad actual, en consonancia con el derecho al desarrollo humano pleno e integral de toda la ciudadanía. Con el propósito de propiciar oportunidades de aprendizaje a niñas, niños, jóvenes y personas adultas en todos los niveles, modalidades y subsistemas, desde una perspectiva de inclusión, equidad, pertinencia y calidad.

El currículo se fundamenta en el enfoque por competencias, el cual tiene como objetivo lograr una formación integral del estudiante, desarrollar en ellos capacidades, habilidades y potencialidades que forman parte del repertorio personal natural.

Educación inclusiva

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) define la educación inclusiva como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación.

Natividad Medrano

Natividad Medrano Adame.

La Educación inclusiva implica que todos los jóvenes y adultos de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de su origen, sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan cualquier problema de aprendizaje o discapacidad. (UNESCO, 2003).

La inclusión educativa ha venido moviendo al mundo de la educación desde finales del siglo pasado. La República Dominicana no ha estado ajena a este movimiento pues ha participado en los diferentes eventos internacionales. En febrero del 2000 se celebró en Santo Domingo la Reunión Regional de las Américas, preparatoria para el Foro Mundial de Educación para Todos.

El enfoque de educación inclusiva, implica modificar substancialmente la estructura, funcionamiento y propuesta pedagógica de las escuelas para dar respuesta a las necesidades educativas de todos y cada uno de los niños y niñas, de forma que todos tengan éxito en su aprendizaje y participen en igualdad de condiciones. (UNESCO, 2003).
En las últimas décadas han sido varias las acciones desplegadas con el objetivo de promover una mayor concienciación a favor de una educación de calidad y sin exclusión. En junio de 2014 se llevó a cabo en Santo Domingo el Congreso Iberoamericano de Educación Inclusiva, auspiciado por el Despacho de la Primera Dama (DPD), el Ministerio de Educación (MINERD) y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).En septiembre de 2015 se desarrolló el Congreso “Avances y Desafíos para la Atención Inclusiva de las Personas con Trastorno del Espectro Autista”, bajo el auspicio del Despacho de la Primera Dama y la OEI.

Como puede apreciarse, el propósito de todas estas acciones ha sido promover e incentivar el cambio educativo hacia una educación de calidad para todos y todas.

La inclusión educativa proclama un compromiso real para erradicar la exclusión, educar a todos los alumnos en el reconocimiento y la valoración de la diversidad, promover que todos los alumnos participen y abrir la escuela a las familias, a los niños y a la comunidad.

Legislación sobre educación y atención a personas en situación de discapacidad

A nivel estatal en República Dominicana se han dictado leyes, y existe en el país una normativa en la que se reafirman los compromisos asumidos en los convenios internacionales a favor de la atención a la diversidad en general y de la inclusión educativa en particular.

El primer intento por desarrollar la Educación Especial en el país está registrado en el año 1915, con la instalación de una escuela para niños con deficiencia intelectual, adscrita a la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad capital. El 27 de junio de 1951 que se promulgó la Ley Orgánica de Educación No. 29-09 que reconocía la Educación Básica Obligatoria e introdujo la Educación Especial en el sistema educativo dominicano. En 1953, con el apoyo de la Secretaría de Educación, Bellas Artes y Cultos, se creó la primera Escuela de Educación Especial del sector privado, bajo la dirección de la profesora Leda Fiallo.

En 1997 se puso en vigencia la Ley General de Educación, en la que se reorientaron los servicios de la Educación Especial bajo las nuevas concepciones pedagógicas, con el fin de ir incorporando a los centros de enseñanza regular a los alumnos con discapacidad y para dar cumplimiento a la ley.

En 1998 – 2000 se llevó a cabo un proyecto de Desarrollo de Escuelas Inclusivas, focalizado en la frontera, en escuelas ubicadas en zonas de extrema pobreza. Este proyecto fue una iniciativa llevada a cabo por la Dirección de Educación Especial y la UNESCO. Dentro de sus componentes principales figuraban: infraestructura, dotación de recursos, capacitación docente y apoyo comunitario.

El 29 de junio de 2000 se promulgó la Ley No. 42- 00, la misma ampara y garantiza la igualdad de derechos y la equiparación de oportunidades a todas las personas con discapacidad y regula las personas morales, sin fines de lucro, cuyo objeto social sea trabajar para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.

Actitudes del maestro frente a la educación inclusiva

La actitud del profesor es fundamental en el proceso de inclusión educativa. En la mayoría de los casos los profesores poseen una actitud negativa frente a la inclusión de estudiantes con NEE. (Maribel Granada Azcárraga, 2013).

Investigaciones de los autores de Boer, Pijl y Minnaert (2011), plantean que los profesores/as son personas claves en la implementación de la educación inclusiva. Una actitud positiva juega un rol esencial en la implementación de cambios educacionales exitosos.

En este sentido, autores como Avramidis y Kalyva (2007) ponen de manifiesto cómo los docentes afirman tener actitudes positivas hacia la idea de inclusión, aunque prefieren la presencia en el aula del maestro de educación especial o que el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo continúe recibiendo servicios en el aula de educación especial.

Familia frente a la educación inclusiva

La familia desempeña un rol fundamental en la educación de los hijos. De acuerdo a Antonio Bolívar, especialista en educación, la familia y la escuela son dos mundos que necesitan trabajar en común para lograr un desarrollo óptimo en el niño.

¿Cómo toma la familia de un hijo con discapacidad el tema de su educación?
En la actualidad la inclusión educativa constituye una esperanza para la familia, quien busca encontrar en éste ámbito respuestas y ayuda frente a la gran preocupación sobre el futuro que deparará para los niños con discapacidad en el ámbito educativo.

Experiencia desde la práctica

A continuación se presentarán algunas reflexiones desde la experiencia de la pasantía de las autoras del artículo.
Desde las experiencias adquiridas en las prácticas docentes y conversaciones con maestros de algunos centros educativos en San Juan de la Maguana República Dominicana, es evidente que estos no se encuentran en total disposición para atender a niños con necesidades especiales. Muchos afirman que no están preparados para trabajar con ese tipo de niños y que los centros no cuentan con los recursos necesarios para su enseñanza.

La mayoría de los profesores apoyan la inclusión, aunque su convencimiento disminuye cuando estos deben implicarse en el proceso, ya que dicen que se necesitan personas capacitadas para trabajar con este tipo de niños porque ellos no tienen el tiempo ni manejan estrategias para incluir los niños con normalidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

teniendo en cuenta los aspectos mencionados anteriormente se puede observar que la implementación de la Educación Inclusiva en la República Dominicana y específicamente en el municipio de San Juan de la Maguana, supone retos y desafíos tales como:
Que las personas comprendan la inclusión como un derecho.
Promover la creatividad y la innovación educativa de los maestros.
Crear metodologías alternativas que atiendan a todo el alumnado sin excepción.
Crear infraestructuras que estén acorde a las necesidades de los niños con NEE.
La falta de recursos en los centros educativos para atender las necesidades de estos niños.

A modo de conclusión

La inclusión educativa proclama un compromiso real para erradicar la exclusión, educar a todos los alumnos en el reconocimiento y la valoración de la diversidad, promover que todos los alumnos participen y abrir la escuela a las familias, a los niños y a la comunidad. Además supone una actitud de valoración positiva hacia la participación entre las personas sin ningún tipo de discriminación, y hacia la comprensión de la diversidad como un factor de aprendizaje favorable y necesario en los centros educativos.

Todos los cambios señalados no pueden llevarse a cabo si los docentes y especialistas no cuentan con las competencias necesarias para desarrollar una práctica educativa distinta. Por ello es fundamental renovar los programas de formación docente inicial y en servicio y de otros especialistas para responder a los requerimientos de la educación inclusiva. Es también importante que los profesores tengan unas condiciones laborales adecuadas, una mayor valoración por el trabajo que realizan y una serie de incentivos que redunden en su desarrollo profesional.

Es importante una relación de colaboración entre todos los implicados en el proceso: entre directivos, directivos y docentes, entre docentes, entre docentes y padres, y entre los propios alumnos. Los padres han de participar en las actividades de la escuela, en el apoyo de determinados aprendizajes en el hogar y en el control de los progresos de sus hijos.

Referencias

Boer, A. ,. (2011). Actitudes de los docentes de la escuela primaria regular hacia la educación inclusiva. 4-5.
Maribel Granada Azcárraga, M. P. (2013). Actitud de los profesores hacia la inclusión educativa. SciELO Analytics, 1.
MINERD. (s.f.). Educando. Obtenido de Educando: http://www.educando.edu.do/articulos/docente/oportunidades-de-aprendizaje-con-un-curriculo-por-competencias/
UNESCO. (2003). Educación Inclusiva. Obtenido de Educación Inclusiva: http://www.ite.educacion.es/formacion/materiales/72/cd/curso/unidad1/u1.I.2.htm

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Pactos que derriban muros

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Pactos que derriban muros

Una de las secciones del muro que sobrevivió a la embestida del general y futuro emperador Tito Flavio Vespasiano durante la destrucción del Templo de Jerusalén se conoce también como el Muro de Occidente. Excepto por las lamentaciones de quienes saben que han perdido un patrimonio insustituible, nada más hay en común entre el Muro de Occidente venerado por el pueblo judío y el muro de occidente derribado por la insensatez del Estado dominicano al renunciar al Tratado de Aranjuez y consentir mediante el Tratado de Paz suscrito con Haití en 1874, el pacto migratorio que dejó la frontera en un limbo constitucional.

Con la destrucción del Templo de Salomón desapareció el recinto, pero la moral fundada en los preceptos religiosos de la nación hebrea permaneció intacta. Al separarse del Tratado de Aranjuez, el Estado dominicano no solo perdió el instrumento jurídico fundacional de sus demarcaciones  territoriales, sino que anuló también el núcleo doctrinario de su política fronteriza para colocarse en una posición desventajosa respecto a la doctrina opuesta de la indivisibilidad de la Isla que abogaba por su desaparición.

Razones suficientes tenía por tanto el presidente haitiano Michele Domingue al felicitarse ante las Cámaras de su país por haber contribuido mediante el referido Tratado firmado por su gobierno con el de su homólogo dominicano Ignacio María González a establecer la fusión entre los dos pueblos.

El plan había salido conforme lo habían anticipado tres meses antes los legisladores haitianos, que poniendo su Constitución en armonía con las disposiciones territoriales que el Tratado contemplaba a favor de su causa, establecieron mediante el artículo tercero de la nueva Carta Magna sancionada el 6 de agosto del mismo año 1874, que Haití tenía “por límites fronterizos todas las posesiones ocupadas por los haitianos”, texto que se vincularía al artículo cuarto del Tratado, en virtud del cual el Estado dominicano se comprometió a “establecer de la manera más conforme a la equidad y a los intereses recíprocos de los dos pueblos, las líneas fronterizas que separan sus posesiones actuales.”

Esa previsión legislativa de Haití encontró respaldo constitucional del lado dominicano siete meses más tarde, pues para ponerse también a tono con el Tratado, el Congreso Nacional enmendó el 9 de marzo de 1875 la Carta Magna para excluir de su texto el Tratado de Aranjuez como referente jurídico de las líneas fronterizas, disponiendo en cambio mediante el artículo segundo que “el territorio de la República comprende todo lo que antes se llamaba parte española de la isla de Santo Domingo y sus islas adyacentes”, pero toda vez que el propio artículo segundo estipulaba que “un tratado especial determinará sus límites por la parte de Haití”, se trataba de un territorio jurídicamente indefinido y que en esencia implicaba la virtual eliminación de las líneas divisorias.

Habiendo de tal modo quedado la frontera en un limbo constitucional, el gobierno dominicano se comprometió además por el artículo catorce a instituir el libre tránsito entre ambos países, conviniendo de manera expresa que “los ciudadanos de las partes contratantes” podían “entrar, morar y establecerse y residir en todas las partes de dichos territorios”, disposición que a los fines de facilitar la movilidad migratoria, se reforzaría, conforme a lo previsto en el artículo once, por el establecimiento de un camino de hierro o ferrocarril que uniría la ciudad de Puerto Príncipe con la de Santo Domingo.

Como complemento de las cláusulas anteriores, y pese a que los términos de intercambio favorecerían más al Estado haitiano, el gobierno dominicano, a cambio de un adelanto de ciento cincuenta mil pesos por parte del gobierno de Haití, acordó también mediante el artículo décimo establecer la libertad de comercio, disponiendo a tales fines que “los productos territoriales e industriales de ambas Repúblicas, al pasar por las fronteras no estarán sujetos a ningún derecho fiscal.” Adicionalmente, por el artículo trece del mismo Tratado el gobierno dominicano convino reconocer a la luz de un acuerdo separado las reclamaciones sobre los bienes inmuebles pertenecientes a nacionales haitianos desde 1822, que al momento de la Separación en 1844 habían sido objeto de confiscación.

Jurídicamente el resistente muro de contención que había sido el Tratado de Aranjuez contra la penetración de occidente se había mantenido firme desde 1814, año en que Francia reconoció por el Tratado de París del día 30 de mayo que la Reconquista capitaneada por Juan Sánchez Ramírez le había devuelto a España los derechos que en virtud del Tratado de Basilea de 1795 le había cedido diecinueve años antes sobre su antigua colonia. De modo que a partir del 30 de mayo de 1814 los límites consignados en el Tratado de Aranjuez quedaron restablecidos sin menoscabo posterior alguno, pues los veintidós años de la ocupación haitiana no podían surtir consecuencias jurídicas adversas al citado Tratado de París de 1814 como   tampoco contrarias al Tratado de Aranjuez de 1777.

De manera que conforme al trazado de los viejos límites fronterizos, tanto los pueblos de San Miguel de la Atalaya y San Rafael de la Angostura, ocupados desde 1809 por nacionales haitianos, así como Hincha y Las Caobas, ocupados posteriormente, eran territorios pertenecientes a la República Dominicana, motivo por el cual el Estado dominicano, al fijar en las ocho versiones constitucionales sancionadas entre 1844 y 1874, el espacio territorial de la República en función del Tratado de Aranjuez, nunca antes había renunciado a la propiedad legítima de esos pueblos.

Incluso la Ley orgánica número 40 sobre organización territorial, promulgada por el presidente Santana el 9 de junio de 1845 a partir de lo establecido en el primer texto constitucional, dispuso taxativamente que los pueblos ocupados por nacionales haitianos fueran parte también del territorio nacional. Partiendo de ese hecho, mediante la carta remitida a su homólogo haitiano Philippe Guerrier anexándole dos ejemplares de la primera Constitución, el mismo presidente le advirtió que los dominicanos iban a defender su independencia sin deponer las armas hasta no haber recuperado los viejos límites. Incluso durante el período de la anexión el mismo mandatario logró que el 14 de enero de 1862 la Corona española lo autorizara a reclamar la devolución de esos territorios, y pese a que la expedición no llegó a concretarse, dispuso en su calidad de Capitán General organizar un ejército expedicionario que marcharía contra Haití en caso de que sus gobernantes no accedieran a la reclamación por métodos pacíficos.

Cuando los dominicanos advirtieron la gravedad del error cometido al separarse en 1874 del Tratado de Aranjuez, sus lamentos llegaron hasta el Vaticano, pero demasiado tarde, pues el Pacto firmado durante ese año con Haití había socavado irremediablemente los cimientos del muro más resistente a la ocupación de occidente, y todavía en 1895, agobiado de sostener una disputa estéril centrada en la interpretación del artículo cuarto del Pacto, el gobierno dominicano presidido a la sazón por Ulises Heureaux convocaba a un plebiscito que entre los días 1ero y  2 de junio aprobó someter el diferendo a un juicio arbitral con el Papa León XIII como árbitro.

Haití, cuyas Constituciones habían consignado siempre que su límite era el mar, fundaba sus derechos territoriales en el principio del uti possidetis, según el cual los pueblos dominicanos en posesión de sus nacionales formaban parte también de su territorio, y como prueba de la aceptación que los dominicanos le concedían a esa situación, argumentaban que la reforma hecha en 1875 a su Constitución tuvo por objeto “hacer desaparecer de ella la ficción territorial que no estaba ya en armonía con las ideas reinantes, es decir, el principio de las posesiones efectivas, que había prevalecido al fin.” En sus Escritos Diversos, el sagaz historiador y político don Emiliano Tejera, quien estuvo a cargo de la defensa dominicana ante la Santa Sede, hace un recuento pormenorizado de todo lo ocurrido en torno a este embrollo fronterizo.

La imposibilidad de revertir el error del Estado dominicano significaba la caída irrevocable del muro jurídico que la nación había tenido en el Tratado de Aranjuez para contener la penetración de Occidente. Un solo mandarriazo constitucional había bastado para que su desplome fuera irreversible. Su construcción había tomado cerca de dos siglos, pues para levantarlo fue necesario agotar el proceso previo de negociaciones que se remonta a julio de 1680, cuando don Francisco de Segura, Gobernador de La Española, convino con su homólogo de la Tortuga, Monsieur de Pouancey, designar el río Rebouc como la primera línea divisoria entre el lado oriental controlado por España y el lado occidental bajo control ya para entonces de los franceses.

Al cabo de dos siglos y medio de aquel primer intento, y siglo y medio después de quedar refrendado en Aranjuez el Tratado domínico-haitiano de San Miguel de la Atalaya, el peso predominante del uti possidetis defendido con intransigencia por Haití, compelió al presidente Horacio Vásquez a negociar el nuevo Pacto fronterizo suscrito por su gobierno el 21 de enero de 1929, cuyo Protocolo de Revisión, firmado el 14 de abril de 1936 por del presidente Trujillo, decretó la pérdida definitiva de los pueblos ocupados por Haití y el derrumbe estrepitoso del muro que los precursores de la nacionalidad dominicana, empeñados en detener la ocupación del oeste, habían levantado con el Tratado de Aranjuez. Porque hay pactos que por lo visto derriban muros sin importar lo fuerte que parezcan.

Fuente: almomento.net

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