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Opinión

El regreso de Narcisazo

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Por: Rafael Pineda.

Dice Luz Altagracia que Narcisazo

llegará esta noche aunque esté lloviendo,

aunque el viento agite portones

y haga crujir ventanas.

Dice Luz Altagracia que Narcisazo,

después de andar errando por el mundo,

llegará esta noche.

Si él acaricia la lluvia y llega así bajo los truenos,

lo estaré esperando

y le diré algunas cosas

que hace años quiero decirle.

Le diré que esa tarde

cuando salió de sus clases en la universidad

los plátanos estaban en la mesa ya,

el mangú encebollado,

las berenjenas a punto

y el salame frito como a él le gustaba.

Le pregunto a Luz Altagracia

si es verdad que Narcisazo estuvo en la batalla de Lepanto;

si empuñó la antorcha con Gaspar Polanco;

si arengó con sus versos a las tropas

cuando a Santiago de los Caballeros estaban quemando.

Si él llega esta noche

le voy a preguntar

por qué tardó tantos años,

por cuáles caminos anduvo,

por qué ese 26 de mayo dejó a Luz Altagracia

esperándolo para cenar.

Cuando entre por esa puerta

le preguntaré

si de su largo viaje trajo algunos recuerdos

para sus hijos

y un simple detalle para su amigo del alma.

Le preguntaré en cuáles guerras fue que estuvo,

si luchó junto al duque de Marlborough,

si vio a Elena en los brazos de Paris,

si le conmovió mucho o poco el sacrificio de Ifigenia

y si combatió en el palacio junto al rey de Troya.

Dice Luz Altagracia que Narcisazo puso el corazón

combatiendo contra Elías Wessin

en la batalla del puente Duarte;

peleando en Ciudad Nueva contra los yanquis;

activando barricadas en la Revolución Francesa;

luchando junto al Che en Bolivia;

transitando los perímetros de Kafka;

los laberintos de Jorge Luis Borges.

Y dice que en el origen de la civilización escuchó

los gritos del mono transformándose en hombre.

¿Será que presenció también

el primer encuentro amoroso

entre un hombre y una mujer?

Le voy a preguntar.

Le preguntaré si le mostró a Jesús

la quijada de burro que usó Caín contra su hermano

y si estuvo en el funeral aquella mañana triste

cuando Abel se convirtió en el primer muerto del mundo.

Narcisazo,

hijo de Pedro el cortador de caña,

tendrá que hablar mucho conmigo,

contarme las peripecias de su largo andar

porque a él lo vieron

en las ancas del caballo con Gregorio Luperón

persiguiendo al Marqués de las Carreras.

En el Norte lo vieron,

en los cañaverales del Este,

en el Sur también;

después dijeron que por el Oeste

con José María Cabral andaba.

Lo vieron en España

fusil en ristre con los hermanos Republicanos;

en la Revolución francesa disparándole a la monarquía;

en Londres tomando tragos con Carl Marx

y dicen que lo vieron buscándole refugio a Jean Valjean;

en Guernica con Pablo Picasso

y con Pablo Neruda en Madrid explicando algunas cosas.

Dice Luz Altagracia que a Narcisazo,

tras remontar las alturas de Machu Picchu

y las Pirámides de Egipto,

lo invitaron a subir en el mismo avión

donde iba Galíndez resistiéndole a la bestia malvada.

También dice que lo vieron entrando al laberinto

donde reinaba el Minotauro

y esa fue la última vez que lo vieron.

Le voy a preguntar

por qué ese 26 de mayo,

en vez de salir solo para la guerra,

no me pidió que lo acompañara.

Si Narcisazo llega hoy

voy a decirle que Luz Altagracia le calentó la cena

cada noche durante 27 años;

eso es mucho tiempo Narcisazo,

más de lo que tardó Ulises en retornar a Ítaca,

más de lo que demoró  Cristóbal Colón

para quitarles las tierras a los indios de América.

¡Oh, aquí llega el jardinero de la Máximo Gómez 25!

-Entra, buen hombre;  ¿cuál es la noticia que traes?

-La noticia que traigo los va a hacer llorar:

Narcisazo ha muerto,

lo enterraron en el mar.

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