Contactanos

Opinión

Rafael Pineda: Poeta Dominicano y Uruguayo

Publicado

en

pallares

Por: Ricardo Pallares

El reciente libro de Rafael Pineda, Preguntas de un estudiante que lee , confirma de varias maneras la afirmación del título.

El autor, que es Ministro Consejero de la Embajada de la República Dominicana en Uruguay, tiene 10 años de residencia en el país lapso durante el cual publicó -entre otras- dos obras más de poesía: Las mariposas de San Juan (2007) y No siempre el café está caliente (2017). Ambas obras y la que aquí comentamos muestran progresión y acendramiento lírico.

Asimismo, Rafael Pineda fue perfilando en su obra un canon personal y literario en el que la presencia de algún uruguayo y de otros hispanoamericanos y extranjeros es particularmente irradiante. Nos referimos en especial a Eduardo Galeano a quien se le dedica la cuarta poesía de la tercera sección del libro. Las citas, menciones, acápites y algunos breves desarrollos en torno a los aludidos, a sus obras y pensamiento dotan a las texturas de un espesor que fortalece a las asociaciones y al contexto.

A través de esta especie de canon y de los testimonios literarios de la recepción autoral de las obras de Neruda, Guillén, Celaya y Galeano, por ejemplo, supera y salta por sobre las barreras del aislamiento cultural que incomunica las culturas y las literaturas latinoamericanas.

Salvadas las distancias y las diferencias, el de Pineda es un caso ligeramente opuesto al de Saúl Ibargoyen, a quien hoy ya se lo considera poeta uruguayo-mexicano tras larga residencia y numerosas publicaciones en el país que le dio asilo. Pineda da curso a una obra en la que se producen progresivas articulaciones integradoras con elementos de la cultura rioplatense y, en general, del Cono Sur. Ibargoyen en cambio parece haber profundizado un aspecto universalista vinculado a su milicia del decir y a la acción política emancipadora.

Aunque lo político en sentido amplio está presente y muy presente en este libro de Rafael Pineda parece oportuno destacar en primer término que su voz se define más claramente que en los libros anteriores y que su poesía parece haber trascendido un disfrutable y colorido pintoresquismo regional y caribeño como el que hay, por ejemplo, en el ya citado Las mariposas de San Juan.

Por estas razones su escritura permite dar cauce a lo subjetivo y expandir el lirismo sin apartarse de los correlatos objetivos e históricos relativos a su país y a Latinoamérica.

El tono, que va de la elegía y la balada hasta la denuncia, permite el recuento memorioso de víctimas de las luchas sociales, de figuras populares paradigmáticas caídas durante el proceso autoritario que le tocó vivir al autor a partir de 1966. También permite recordar y evocar poéticamente las condiciones del trabajo obrero y las injusticias. Por este lado la poesía que comentamos se vincula con el corpus latinoamericano que se empezó a conformar a fines de los ochenta cuando la generación emergente por entonces, concluido el ciclo de las dictaduras, inició su tarea.

No obstante lo anotado precedentemente esta poesía tiene un hablante de inocentes intenciones que repliega lo egoico a favor de lo colectivo, que posterga lo individual a favor de lo común de una identidad fuerte y reclamante.

Pineda, Rafael. Preguntas de un estudiante que lee. Para leer de tarde mirando el mar. Ed. Botella al Mar, Montevideo, 2018

El libro tiene un conjunto de enumeraciones y descripciones que pautan la suerte colectiva historiada selectivamente junto con el proceso emotivo del yo en el que el pasado juega un papel preponderante. En él radican la infancia y la juventud estudiantil evocadas desde el título, así como la indefensión primera.

Las preguntas del estudiante son retóricas dado el contexto de dolor y persecución. Lo son preguntas como: “Quién pagó la recompensa?; ¿Quién contrató a los sicarios?; ¿En qué despacho se discutió el plan?; ¿Quién era el que los perseguía?; ¿Quién fue el último que lo vio / caminando hacia la muerte?”

Este rasgo formal del preguntar, amén de frecuente, señala que el estudiante que lee lo hace críticamente, que desentraña la verdadera historia en los silencios que están por detrás de la pretendida y declarada historia escrita.

Al final del poema “Estudiante necio” dice: “Son tantas las preguntas / de este necio que leyó la historia”.

En el poema “Balada de un estudiante que lee” se afirma: “Quién fue el que escribió la historia / y la historia misma olvidó?” Y poco más adelante: “Yo canto el suplicio / yo canto la balada de los olvidados.”

Por lo dicho resulta claro que estamos ante una poesía de estremecimiento político sustanciada en el recuerdo, la denuncia, la rememoración, el homenaje a los héroes caídos pero enriquecida con el intenso hilván de la historia personal del hablante. Un ejemplo de esto es la composición “Versos para mi madre” de altura estremecida.

Lejos de lo testimonial y lo autobiográfico per sé, Pineda da tono a una voz enunciante que hace suyo el modo de decir del pueblo y de su región. Se aproxima a las formas del habla dominicana como consecuencia de un impulso de projimidad y fraternidad, sin abandonar los requisitos de la trasposición literaria y la consiguiente figuración en el lenguaje y la sintaxis.

Según nos parece estas interpretaciones y lecturas están reforzadas por ocho o nueve baladas o casi. También se aprecian algunos giros expresivos de austeridad léxica que se logra con un esencialismo comunicativo que da autenticidad y compromiso.

En el libro hay algunos símbolos significativos como el del Minotauro y el de los grillos. El primero lo es del poder omnímodo y los segundos del pueblo y del propio yo que se identifica con él. Tal el contenido de la poesía “Una historia de grillos”, donde se desarrolla una casi fábula de intenso fin didáctico, y de “La balada del grillo”. En esta última se dice:

Yo era un grillo
Quiero negarlo y puedo
pero no lo niego
Yo era un grillo

Yo era entonces un grillo
y no lo niego
no lo quiero creer
lo creo y no lo creo

Orienté la mano sobre el pecho
agarré mis intestinos
y sobre una piedra me senté con ellos
Puse por delante mi dentadura
entré con la camisa abierta
el corazón en la mano izquierda
Me senté con mis intestinos
en el laberinto de los círculos concéntricos
donde danzan los grillos

El pasaje da cuenta de los rasgos visionarios y autoperceptivos del yo en el proceso de identificación simbólica con un grillo. Al mismo tiempo muestra el desafuero de algunas imágenes al servicio de lo que implícitamente se confiesa, se imagina, se representa y se inviste como causa común y tácita denuncia. Dice en las dos últimas estrofas:

Junto a ellos mis hermanos grillos
afilé las flechas
y disparé todos los silencios

Aunque no lo quieran creer
lo niegue o no
yo también fui un grillo

Finalmente parece necesaria una aclaración sobre el subtítulo del poemario: “Para leer de tarde mirando el mar”. El carácter casi perifrástico de su unidad verbal conduce a pensar que el estudiante que lee y se pregunta sobre lo leído también afirma que el libro se debe leer mirando el mar.

En realidad, el asunto se vincula con la presencia simbólica y absoluta del mar que para el hablante es fuente dadora de múltiples sentidos.

El primer texto poético del libro, a la manera de introducción general, titulado “Balada triste para el mar”, tiene aspectos que son de una fábula y alegoría que explicarían la vocación poética del hablante.

El mar da y devuelve plenitud con su contemplación, da elementos fantásticos como una deslumbrante mariposa que parece una bailarina sobre las olas, da la certeza de que en su infinitud es un custodio del amor, da la certeza de que provoca las “alucinaciones” de la vida y finalmente es el que permite dar el salto desde la individuación hasta la vivencia de lo comunitario en lo colectivo a través de lo absoluto.

En suma: con la repetida imagen del mar estamos ante la bisemia vida-muerte presente en la literatura universal y en la poesía de nuestra lengua. Este rasgo vincula a Rafael Pineda con el gran caudal de la tradición, la memoria cultural y la poética.
El libro montevideano de Rafael Pineda, un destacado dominicano con claro perfil, ofrece la oportunidad generosa y singular de corroborar lo dicho.

Montevideo, Uruguay, junio de 2018

Click para Comentar

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

El respeto a la mujer es también la paz

Publicado

en

El respeto a la mujer es también la paz

NADIA MURAD BASEE TAHA, la coganadora del Premio Nobel de la Paz en su versión 2018, tiene novio. Parecería un detalle trivial, mas en su caso no lo es. Marca un escalón importante en su recuperación después del sufrimiento y la afrenta que le dinamitaron su existencia apacible cuando las tropas del Ejército Islámico (EI) exterminaron a los hombres de la aldea donde vivía en el norte de Irak, y a ella la convirtieron en esclava sexual junto a miles de mujeres de la etnia azerí a la que pertenece.

Han quedado aparcados los prejuicios y viejas creencias que se incuban en las sectas afines y en el monoteísmo musulmán. A la violencia sexual sigue el paredón moral. Si violada, a la mujer difícilmente se le reconoce como víctima. La presunción de inocencia tiene sello de género. Sobre ella caen la condena del escarnio público y el ostracismo social, tan crueles como el crimen que dañó su cuerpo y mente.

Nadia tiene novio porque su pueblo, en parte por la intensa campaña que esta joven admirable ha desplegado por todo el mundo, ha liberado de las máculas impostoras y acogido sin reservas a las antiguas esclavas sexuales. Tres mil de sus mujeres y niñas fueron violadas, aterrorizadas y vendidas una y otra vez como mercancía que en cada cambio de mano perdía valor. Muchas de ellas aún continúan bajo el yugo de los remanentes del EI en Siria y en Irak.

Sin que los humos se le subiesen a la cabeza y con una humildad que contrasta con la fortaleza de sus convicciones y dedicación a la causa de la mujer oprimida, la joven de 25 años declaraba a los medios horas después del anuncio de la Academia de Ciencias de Suecia: “Miles de mujeres siguen recluidas en manos de mercenarios del EI. Mi supervivencia se basa en defender los derechos de las comunidades perseguidas y a las víctimas de violencia sexual. Un solo premio y una sola persona no pueden lograrlo. Necesitamos una respuesta internacional”.

Y decía el comité sueco en sus consideraciones para escoger a esta luchadora por los derechos de la mujer: “Nadia Murad es ella misma una víctima de crímenes de guerra. Rehusó aceptar los códigos sociales que requieren a las mujeres que callen y se avergüencen por los abusos a que han sido sometidas. Ella ha mostrado un coraje poco común al comunicar sus propios sufrimientos y hablar por otras víctimas”.

Este año, el Premio Nobel de la Paz es una clarinada contra una forma de violencia que causa tanto o más daño que las balas. Objetivo: doblegar la dignidad de los combatientes, humillarlos con un golpe devastador al orgullo mediante la violación sistemática de las mujeres, sin importar que sean niñas o adolescentes. Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, en los sangrienltos conflictos anejos a la fragmentación de los Balcanes, en Siria e Irak y, con una asiduidad desconcertante en el África de estos días. De ese continente provienen las noticias de los secuestros masivos de niñas, sacadas a la fuerza de las aulas escolares para luego ser violadas a veces en cadena y retenidas contra su voluntad mientras se las despoja de su humanidad. Es la población a la que el doctor Denis Mukwege, el otro galardonado, un ginecólogo congolés, ha dedicado su vida. Cuidar de la salud de las mujeres violadas en las guerras africanas le ha valido amenazas y atentados contra su vida. Las dudas son ajenas a su ministerio.

A Denis Mukwege se le ha reconocido como “el principal y símbolo más unificador, tanto nacional como internacional, de la lucha para terminar con la violencia sexual en la guerra y conflictos armados. Su principio básico se basa en que “la justicia es tarea de todos”. Hombres y mujeres, oficiales y soldados, y autoridades locales, nacionales e internacionales, comparten todos la responsabilidad de reportar y combatir este tipo de crimen de guerra. En ese campo, la importancia de los esfuerzos constantes, dedicados y desinteresados del Dr. Mukwege no pueden ser pasados por alto”.

Escuché los pormenores trágicos de Nadia Murad Basee Taha de sus propios labios, cuando compareció hace dos años en las Naciones Unidas y conmovió al auditorio por su valentía y entereza. La recuerdo vivamente. Sobre ella escribí y ahora reproduzco en parte mis impresiones de ese entonces. Era la expresión viva de una etnia de la que solo había leído párrafos perdidos en el torrente noticioso de los horrores del EI. En el marco de la Asamblea General de la ONU y en presencia de Ban Ki-moon y una constelación mundial de figuras políticas, esta joven azerí de apenas una veintena de años narró su escalofriante historia personal que comprende el papel de esclava sexual del EI.

Diez y nueve años, 2014, en una aldea de apenas 1700 habitantes en el norte iraquí. Llegaron las tropas del EI, separaron a mujeres y hombres, mataron a seis de sus doce hermanos, a su madre y 80 mujeres más porque eran ya demasiado viejas para servir de concubinas forzosas. Fue subastada, violada, golpeada, vejada, torturada. Escapó y, recapturada, condenada a la violación colectiva hasta desfallecer. Huyó nuevamente y encontró albergue junto a millón y medio de desplazados más en un campo de refugiados en Kurdistán. Luego, la ruta balcánica y finalmente Alemania y tratamiento sicológico. Hoy es la voz azerí que clama en el desierto de la comunidad internacional para que intervenga y ponga fin al genocidio contra su pueblo, perseguido sin tregua por el fanatismo islámico bajo la acusación de “adoradores del diablo”. La minoría de origen kurdo, continuadora de tradiciones religiosas persas que anteceden al islam, suma apenas unos cuantos millares. En cambio, sus mujeres pueblan mayoritariamente los listados de esclavas sexuales en el territorio del EI.

Habló en persa y debí conformarme con la interpretación simultánea, convencido de que perdía la emoción del verbo, el matiz vigoroso de la palabra denuncia, el calor humano de la voz atormentada. Todas esas sensaciones me llegaron de golpe cuando vi que Murad, arropada su delgada figura por un vestido negro luto y el pelo azabache recorriéndola por el frente hasta la cintura, apenas lograba reprimir las lágrimas, que aquel rostro joven endurecido por el sufrimiento desvelaba una vez más el drama de la familia perdida, las tradiciones milenarias de su pueblo aplastadas, el futuro para siempre maltrecho por un pasado irremediablemente tormentoso. Le habían robado la libertad, también los sueños.

La Asamblea General escuchó en silencio cuando Murad dijo que no vivía allí el momento más feliz de su vida, pese a que estaba dirigiéndose a connotados jefes de Estado en el recinto solemne donde se debaten los grandes problemas mundiales. Sus momentos de mayor felicidad fueron el cultivo de la tierra familiar junto a la madre y los pícnics batidos por el aire fresco de las montañas cercanas a la aldea de la juventud arrebatada. Felicidad imposible de reproducir, y he ahí el resumen del avatar de Murad y de los suyos. Y de los miles de refugiados cuyos rostros jamás recogerán las cámaras de los fotorreporteros.

La joven azerí rehace su vida o lo que queda de ella, en Alemania. Su humanidad rota es un poderoso mensaje en un mundo con callos en el alma. Temo que la instrumentalicen. Al día siguiente, volvía yo a mi hotel desde la ONU y George Clooney y su mujer, activista internacional de los derechos humanos, caminaban cerca. Amal Clooney se unía poco después a Murad en otra actividad en las Naciones Unidas.

Este año, el Premio Nobel de la Paz es una clarinada contra una forma de violencia que causa tanto o más daño que las balas. Objetivo: doblegar la dignidad de los combatientes, humillarlos con un golpe devastador al orgullo mediante la violación sistemática de las mujeres, sin importar que sean niñas o adolescentes. Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, en los sangrientos conflictos anejos a la fragmentación de los Balcanes, en Siria e Irak y, con una asiduidad desconcertante en el África de estos días.

Fuente: www.diariolibre.com

Seguir Leyendo

Opinión

Derrota de Hidalgo en la ADP refleja la baja popularidad del sector Danilista, no del PLD

Publicado

en

3. Lic. Misael Perez Montero

Por: Misael Pérez Montero.

Se hace necesario que todos los simpatizantes y miembros del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) le recuerden al equipo o tendencia del presidente de la Republica Dominicana, Danilo Medina, que en todos los escenarios donde han sido puestos a pruebas cada uno de ellos, háblese de superministros, o cualquiera que sea allegado al círculo del presidente la derrota ha sido inminente debido a la falta de popularidad y la sobrada arrogancia de este sector.

En tiempos pasados, no tan lejano en el tiempo; vimos como el Portal Digital Amo TV en Europa, dirigido por su director Frank Segura; realizó una encuesta que trataba sobre la aprobación por parte de la comunidad Dominicana residente en Europa las gestiones consulares en los gobiernos del Presidente Fernández y el resultado fue que cada cónsul de forma individual obtuvo por encima del 85 %. Siendo la aprobación más alta en términos porcentuales la gestión de Marcos Cross, La cual, aun hoy día; no ha podido ser superada por ninguna otra, pese al transcurrir del tiempo.

Mientras que esa misma encuesta arrojó que la sumatoria total del porcentaje de todos los cónsules nombrados durante la gestión presidencial de Danilo Medina no alcanzó ni siquiera el 15%. Cosa esta; muy penosa y lamentable. Esto deduce que ninguno de los Danilista posee el liderazgo necesario para ser el candidato a diputado por el PLD en Europa y que de imponerse a través del poder económico se revertiría el proceso del 2016 en donde Marcos Cross ganó las dos diputaciones cediéndole una al PRD a través del acuerdo entre ambos partidos.

Lo contado anteriormente; hoy día lo vemos reflejado en las elecciones de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en donde el diputado Danilista, Eduardo Hidalgo; fue bochornosamente derrotado, cargando así el PLD con el peso de una Cruz que no construyó. Pues esa derrota era crónica de una muerte anunciada debido a que las excesivas cancelaciones y suspensiones de maestros, mayoría peledeista; por parte del ministro de Educación (MINERD), Andrés Navarro, más la timidez de Hidalgo a la hora de pronunciarse al respeto era el preludio de que estos “Los maestros” solo esperaban la oportunidad para cobrar la ofensa que en el pasado le fue inferida.

Ahora bien; Navarro no entiende de política, ni mucho menos es un peledeista formado en el seno de las bases del PLD, simplemente tiene unas relaciones muy estrecha con el presidente Medina y eso le permite actual de forma melaganaria, antojadiza y hasta creerse que puede ser presidente del país, a través del PLD; sin que se le conozca trabajo político alguno. De forma contraria entiendo que debió actual Eduardo Hidalgo, ya que no es un secreto para nadie que no jugó el papel para el cual fue elegido en la ADP y su postura blandengue ante la arrogancia de su propio sector “Danilistas” le ha pasado factura.

No comprendo cómo Hidalgo, un maestro y político de la vieja guardia; no entendió que la misma estrategia no se aplicada a grupos de contenidos diferentes. Me explico, pensar que los maestros eran aquellos votantes de la circunscripción # 3-Santo Domingo Este, que faltando tres meses para las elecciones a diputado lleva un poco de dinero en sobre lo reparte entre los presidentes de Comité Intermedios y al final resulta ser el más votado. Esta es una táctica que no funciona con los llamados a formar las generaciones en nuestro país “Los maestros”.

NOTA: Si usted quiere que las noticias de LAS CALIENTES DEL SUR, le lleguen a su WhatsApp, escríbanos un mensaje con su nombre a nuestro WhatsApp: 829-522-0983 y las noticias le llegarán automáticamente.

Seguir Leyendo

Opinión

Ni uno más ni una menos

Publicado

en

Ni uno más ni una menos

DE ACUERDO A DATOS estadísticos de la Procuraduría General de la República, de enero a junio de 2018 la sociedad dominicana se ha visto conmocionada por 38 casos de feminicidios. Si bien la PGR no reporta los casos ocurridos a partir de este periodo, los medios de comunicación han dado a conocer al menos 10 casos más, siendo uno de los más recientes el de la joven de origen rumano Andrea Celea, quien cayó de la terraza del octavo piso de un hotel, supuestamente como consecuencia de un acto criminal del que se acusa a un novio controlador y maltratador.

Leer sobre estos feminicidios (homicidios perpetrados contra mujeres, jóvenes y niñas debido a su género, es decir, simplemente por ser mujeres) es como leer la crónica de una muerte anunciada. En el caso de Andrea, como en tantos otros casos, la violencia a que era sometida (aislamiento, insultos, limitación de su independencia, violencia física) era un hecho conocido por personas en el entorno y familiares, que hoy se torturan preguntándose por qué no fue posible evitar el fatal desenlace.

Refiriéndose “a ellas”, a las víctimas de violencia, como quien habla de extraterrestres, hay quienes se preguntan las causas de que la mujer victimizada no sea capaz de visualizar el peligro y tomar medidas para evitarlo, bien sea abandonando la relación, acudiendo a las autoridades, o escapando. En el complejo mundo de la violencia de género existe mucha desinformación, información insuficiente para generar un cambio de comportamiento, y una gran incapacidad de la mujer para salir de su situación.

Ni uno más ni una menos

La violencia de género es causada por el machismo enquistado en la sociedad; una conducta aprendida, que también podría ser desaprendida. El abusador, el machista, el perpetrador se forma desde chico en el seno de una sociedad en que la más grave desinformación es no percibir que “Esta visión sexista de la realidad se reproduce y perpetua a través del imaginario colectivo de la cultura, del propio lenguaje y de la educación que recibimos en el seno de las familias, en las escuelas y demás agentes sociales, llegando a formar parte de nuestra identidad, nuestros valores y nuestra forma de pensar, sentir y actuar.”

La frase entrecomillada proviene de la Guía de buen trato y prevención de la violencia de género de la Junta de Andalucía que constituye un protocolo de actuación en el ámbito educativo. El modelo propuesto en la guía afianza la noción de que el machismo es una conducta modificable. La guía irradia la luz de esperanza de la prevención y el rescate tanto para la víctima como para el perpetrador, así como también para los hijos huérfanos, los hijos de padres encarcelados, de padres suicidas y de la colectividad humana que observa aterrada e impotente el círculo de la violencia y el escalamiento de la violencia en una familia.

El título de este artículo, por lo tanto hace un llamado a que Ni un hombre más se convierta en asesino de mujeres y Ni haya una mujer, joven o niña menos asesinada por el simple hecho de ser mujer, víctima del machismo.

Educación para una vida sin violencia de género

En nuestro país, numerosas organizaciones realizan un esfuerzo considerable para dar asistencia a la mujer victimizada. El Ministerio de la Mujer, por misión institucional, desarrolla programas desde diversas vertientes de atención coordinando y articulando el trabajo de otras instituciones para la atención, prevención, intervención y seguimiento de las víctimas de violencia intrafamiliar y de género. Mantiene los programas de referimiento a abogadas o psicólogas; provee asesoría legal y asesoría psicológica. Organismos no gubernamentales como el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas, PACAM, y la Fundación Basta Ya, entre muchas otras, y unos cuantos organismos internacionales educan a la población, demandan servicios, implementan programas para alertar a la mujer sobre la violencia de género, guiarla su búsqueda de recursos y ayudarla a salir de la situación de violencia. Promueven la participación de hombres en los programas para que aprendan a reconocer en sí mismos señales de machismo y a controlar sus impulsos.

Nada parece cambiar sustancialmente, a pesar del gran esfuerzo y la sinceridad en las intenciones, entonces cabe preguntarse, ¿es esto suficiente?

Las crecientes estadísticas de feminicidios pueden deberse al aumento en la población, a que la mujer inicia cada vez más joven relaciones sentimentales, o a que la sociedad en su conjunto está aceptando, sino promoviendo, conductas machistas.

Estudiosos de la violencia de género y el machismo afirman que la violencia de género es un comportamiento aprendido. La educación sexista inculca al niño la visión estereotipada de la superioridad del hombre sobre la mujer y el uso de la violencia para dominar a la mujer.

En la vida doméstica, se educa a los chicos a esperar que la madre, las hermanitas y otras mujeres de la familia les sirvan y les quiten responsabilidades domésticas. En el ambiente académico y laboral, la mujer dominicana demuestra un gran empuje. Llena las aulas universitarias y es parte activa de espacios tradicionalmente machistas, por ejemplo los departamentos policiales, e incluso son preferidas a los hombres en empleos donde la honradez es un requisito primordial. Sin embargo, los logros de la mujer generan resentimiento, especialmente en hombres no calificados, incapaces de valorar el tremendo esfuerzo de realizar una carrera y ejercer una profesión demandante cuando al mismo tiempo se ejercen otros roles como el cuidado del hogar, de los padres, de los hijos y hasta del esposo, como si fuese un hijo más.

En nuestro entorno social hemos fortalecido patrones culturales muy lesivos a la mujer, la figura de la chapeadora ya forma parte de un estereotipo en el que se ven reflejadas jóvenes y niñas, no porque lo sean, sino por la posibilidad de serlo, pero no hay un término contraparte para el hombre corruptor de jóvenes. La violencia de género que evidencian las canciones urbanas es tal que en un esfuerzo por contrarrestarla, los integrantes del grupo cristiano “Contra La Corriente RD” produjeron el video “Cambia la letra” que sugiere: “oye papá, esa no es la forma. Cambia la letra”, “Pa’ pega’ no hay que dañar”, “Recuerda que naciste de una mujer, no le faltes el respeto, no la llames de esa manera”.

Es un esfuerzo digno de alabanza, pero ¿será suficiente esa sugerencia? ¿Qué tal la censura y sanciones a los seudos-músicos que maltratan el colectivo femenino con sus vulgaridades e insultos a la mujer?

Cabe esperar que el estado, se acoja a los postulados del artículo 5 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas que dicta “los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres.” Embotados en un mundo de educación distorsionante, juka, alcohol y música peyorativa contra la mujer, el hombre dominicano espera un rescate del machismo que lo hunde y lo convierte en asesino. Hagamos algo por rescatarlo. Un gran sueño para un mundo más igualitario y más justo, para evitar la gran angustia que pesa sobre nuestras conciencias cuando vemos que nuestros barrios y nuestros pueblos, y todos los sectores sociales de nuestro país, mujeres y hombres están aquejados de ese grave mal del feminicidio.

En la vida doméstica, se educa a los chicos a esperar que la madre, las hermanitas y otras mujeres de la familia les sirvan y les quiten responsabilidades domésticas. En el ambiente académico y laboral, la mujer dominicana demuestra un gran empuje. Llena las aulas universitarias y es parte activa de espacios tradicionalmente machistas, por ejemplo los departamentos policiales, e incluso son preferidas a los hombres en empleos donde la honradez es un requisito primordial.

Fuente: www.diariolibre.com

Seguir Leyendo
Banner 280 Sindicato de Camioneros

Tendencias