Trabajó como de costumbre, pasó por la casa donde creció, compartió con sus abuelos, cenó junto a su hijo de cuatro años y, antes de salir rumbo a la cancha, pronunció una frase que hoy retumba con una fuerza imposible de ignorar. “Papá, yo vengo ahorita”. Nadie imaginó que esas serían las últimas palabras que Don Martín escucharía de su nieto.
VILLA ALTAGRACIA, República Dominicana; .– Nadie sabía que aquel viernes 10 de julio sería el último de Eddi Manuel de Jesús Robles. Él tampoco.
Trabajó como de costumbre, pasó por la casa donde creció, compartió con sus abuelos, cenó junto a su hijo de cuatro años y, antes de salir rumbo a la cancha, pronunció una frase que hoy retumba con una fuerza imposible de ignorar. “Papá, yo vengo ahorita”. Nadie imaginó que esas serían las últimas palabras que Don Martín escucharía de su nieto.

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Horas después, mientras disputaba un partido del Torneo Superior de Baloncesto de Villa Altagracia, el joven atleta de 25 años cayó desplomado sobre el tabloncillo del multiuso Abraham Mieses. La noticia sacudió a una familia, estremeció al deporte dominicano y dejó a todo un municipio intentando comprender una tragedia que todavía parece irreal.
Pero antes de convertirse en noticia, Eddi Manuel era simplemente “el muchacho de la casa”.
La casa donde siempre regresaba
En la vivienda donde nació y se crió aún se habla de él en presente.
Su abuela, Doña Mireya, recuerda que, aunque vivía aparte, todos los días encontraba un motivo para regresar. No era una visita ocasional. Era una rutina.
Doña Mireya
“Venía de su trabajo a darme vueltas. Si veía que yo iba a hacer algo, me decía: “Mamá, quédese tranquila. No quiero que se caiga”.
Para ella nunca fue solamente un nieto. “Era un hijo”.
Antes de acostarse verificaba que sus abuelos hubieran cenado. Si descubría que faltaba el desayuno, regresaba con comida. Preguntaba si necesitaban algo. Revisaba cómo estaban. Después seguía con su jornada.
Esa forma silenciosa de cuidar a los suyos es el recuerdo que más se repite entre quienes compartieron su vida.
La última visita
Aquel viernes, narra doña Mireya, llegó alrededor de las cinco de la tarde.
Su hijo mayor jugaba en la galería mientras la familia conversaba.
Fue entonces cuando pronunció unas palabras que hoy su abuela interpreta de otra manera.
“Ese niño tiene cuatro años… cualquiera le echa mano y él se adapta.
En ese momento nadie encontró nada extraño.
Hoy confiesa que siente como si, sin saberlo, hubiera ido a entregarles al pequeño.
Después le dio la cena al niño, se colocó el uniforme deportivo y salió rumbo a la cancha.
Nunca regresó.
“¿Quién me va a dar vueltas ahora?”, se pregunta con la voz quebrada.
Desde entonces, los días dejaron de parecerse entre sí.
“Todos los días lo extraño”.
La ausencia no se mide solamente por el espacio vacío que dejó en la familia, sino por los pequeños gestos cotidianos que desaparecieron con él.
“¿Quién me va a dar vueltas ahora? ¿Quién me va a traer el desayuno?”
Son preguntas que no esperan respuesta. Son la manera en que una abuela intenta ponerle palabras al dolor.
La llamada que nadie quería recibir
María Robles, una de sus hermanas, había hablado con él ese mismo día.
María Robles, hermana de Eddy Manuel
Nada hacía pensar que ocurriría una tragedia.
Horas más tarde comenzaron las llamadas telefónicas. Al principio creyó que se trataba de un error.
“No le pasó nada porque yo lo dejé bien”. Minutos después llegó la confirmación.
Todavía hoy reconoce que le cuesta aceptar la realidad. “A veces siento un motor y pienso que es él… que viene”.
La frase resume el estado emocional en que permanece una familia para la que el tiempo parece haberse detenido aquella noche.
Un trabajador antes que un atleta
Fuera de la cancha, Eddi Manuel llevaba una vida marcada por el trabajo.
Vendía empanadas desde temprano, luego realizaba labores de motoconcho y también se dedicaba a otros oficios para sostener a su familia.
Quienes lo conocieron coinciden en describirlo con las mismas palabras: trabajador, respetuoso y profundamente dedicado a los suyos.
Nadie recuerda haberlo visto envuelto en conflictos. Su historia, dicen, fue la de un joven que eligió el esfuerzo como forma de vida.
La noche que paralizó el multiuso
En el multiuso Abraham Mieses todavía cuesta hablar de aquella jugada.
El dirigente deportivo Eliseo Candelario Jerez, conocido como Cheo Deportes, recuerda haber conversado con Eddi Manuel apenas minutos antes del partido.
El dirigente deportivo Eliseo Candelario Jerez
Le prometió un incentivo económico si el equipo conseguía la victoria. La respuesta llegó acompañada de la sonrisa que todos recuerdan.
Minutos después ocurrió lo impensable. Durante el último cuarto del encuentro, el jugador cayó al suelo.
Al principio nadie comprendía la gravedad de la situación. Personal de apoyo intentó asistirlo mientras se solicitaba ayuda de emergencia.
Lo que sucedía frente a cientos de personas parecía imposible de asimilar.
“Cuando vi que era él, dije: “Jehová, no lo puedo creer”.
Más tarde, en el centro de salud, viviría uno de los momentos más difíciles de su vida.
“Lo más duro fue verlo allá… y cerrarle los ojos”.
Un pueblo entero de luto
El sepelio confirmó que Eddi Manuel no era solamente un jugador de baloncesto.
Era un joven profundamente querido por su comunidad. Decenas de personas acompañaron a la familia.
Dirigentes deportivos, amigos, vecinos y compañeros de equipo compartieron el mismo sentimiento de incredulidad.
Para Anderson Pérez, presidente de la Unión de Clubes de Baloncesto de Villa Altagracia, la tragedia marcó un antes y un después para el deporte local.
Anderson Pérez, presidente de la Unión de Clubes de Baloncesto de Villa Altagracia
Nunca, en casi tres décadas de organización del torneo, habían enfrentado una situación similar.
Desde entonces, la dirigencia deportiva ha fortalecido los protocolos de asistencia durante los partidos, ha promovido mayores evaluaciones médicas para los jugadores y procura reforzar las medidas preventivas en las competencias.
Tenemos que aprender de esta tragedia.
El número 10 que nadie volverá a vestir
El impacto de la pérdida de Eddi Manuel no terminó con el sepelio.
En una ceremonia cargada de emoción, el equipo Estrellas del Invi decidió retirar de manera permanente la chaqueta número 10 que vistió el joven durante el Torneo Superior de Baloncesto de Villa Altagracia 2026.
El cuerpo de Eddi Manuel fue llevado a la cancha donde murió
El homenaje reunió a familiares, dirigentes deportivos, compañeros de equipo y miembros de la comunidad, quienes recordaron no solo al jugador, sino también al hijo, al padre, al nieto y al trabajador que dejó una profunda huella entre quienes tuvieron el privilegio de conocerlo.
En representación de la franquicia, Eliseo Candelario Jerez (Cheo Deportes) resaltó las cualidades humanas y deportivas de Eddi Manuel y entregó a sus familiares una chaqueta con el número 10 como símbolo de gratitud, respeto y reconocimiento a su legado.
El homenaje fue recibido con profunda emoción por sus seres queridos, en un gesto que convirtió su número en un símbolo permanente de memoria dentro de la organización y del baloncesto de Villa Altagracia.
Un legado que trasciende la cancha
Más allá del impacto deportivo, quienes conocieron a Eddi Manuel insisten en que su mayor legado no está en los puntos anotados ni en los partidos disputados.
Está en la manera en que vivió. En el hijo que llevaba de la mano. En el abuelo al que nunca dejó de visitar.
En la abuela a la que cada mañana preguntaba si había desayunado.
Don Martín, abuelo de Eddi Manuel
En el joven trabajador que dividía sus días entre varios oficios sin abandonar la pasión por el baloncesto.
Aquella noche, Don Martín escuchó a su nieto decir:
“Papá, yo vengo ahorita”.
Con el paso de los días, en esa casa nadie ha vuelto a escuchar el sonido de sus pasos cruzando la galería.
Pero su memoria sigue llegando cada día en los recuerdos de quienes lo amaron y en una comunidad que todavía se resiste a aceptar que aquel viernes fue una despedida.
Este reportaje forma parte del trabajo periodístico desarrollado para el programa de entrevistas Tal Cual con Marlenin Román, a partir de entrevistas realizadas en Villa Altagracia a familiares, allegados y dirigentes deportivos.
Fuente: https://elnuevodiario.com.do
