Villa, ¡nos falta tu voz… están jugando con la Patria!
Por: Jean Carlos Santos Aquino
Abogado y docente
Dedicado a la memoria de Carlos Vicente Castillo Mateo (Villa), eterno defensor de la dominicanidad
En un Estado social y democrático de derecho como el nuestro, los símbolos patrios no son piezas decorativas ni formalidades de protocolo. Son manifestaciones jurídicas, históricas y espirituales de nuestra soberanía. Por eso, la reciente alteración del Himno Nacional Dominicano, cuya letra y ritmo fueron distorsionados en una presentación pública, no puede ser vista como un simple error artístico. Es un agravio al alma de la Nación.
La Ley No. 210-19 sobre los símbolos patrios lo establece con claridad: el Himno Nacional no puede ser alterado en ningún aspecto, y cualquier interpretación debe ajustarse estrictamente a su forma oficial. Lo que se ha hecho es una transgresión legal, pero más que eso, es una falta de respeto profundo a quienes lucharon y murieron por nuestra libertad.
🕯️ Carlos Vicente Castillo Mateo (Villa): cuando la historia se hace carne
No puedo abordar este tema sin mencionar con profundo respeto y admiración a Carlos Vicente Castillo Mateo, a quien en San Juan de la Maguana y en toda la región conocimos como Villa. Fue mucho más que un ciudadano preocupado por los símbolos patrios: fue un historiador consagrado, un maestro de civismo y un militante del alma nacional.
Su amor por la Patria lo llevó a dedicarse durante décadas a la exaltación de nuestras efemérides patrias, su pasión por la figura de Juan Pablo Duarte no era una afición superficial: era un estudio constante, analítico, profundo. Villa hablaba de Duarte con sustancia y regodeo, como si lo hubiera conocido en persona, era miembro del Instituto Duartiano, entidad que presidió por más de 20 años consecutivos, y que en el año 2016 lo declaró presidente ad vitam por sus inmaculados méritos. Cada vez que me encontraba con él, Villa me hablaba sobre el Himno, sobre la pérdida de respeto en las escuelas, sobre cómo muchos docentes lo recitaban sin alma. “Si no se enseña con el corazón, no se siembra la Patria”, decía. Hoy, ante la burda alteración del Himno, sus palabras suenan como un eco necesario.
Ni creatividad ni moda: esto es un límite legal
En democracia, la libertad de expresión tiene límites. Y uno de los más claros está en el respeto a los símbolos patrios. Nadie puede cambiar la bandera, ni el escudo, ni mucho menos “versionar” el Himno Nacional bajo la excusa de lo artístico o lo moderno. Esto no es una propuesta musical: es una falta de conciencia histórica.
El Himno Nacional no es una canción más, es un juramento colectivo, un testamento de libertad, un documento sagrado que no admite retoques ni reinterpretaciones.
La herida más profunda está en las aulas
Más allá del hecho puntual, lo que verdaderamente debe preocuparnos es el abandono del civismo en la educación dominicana. Villa lo advertía con claridad: “no se está formando con el alma, sino repitiendo de memoria” y cuando el amor a la Patria no se cultiva, se pierde el sentido de lo nacional.
¿Cómo defender el Himno si no se comprende su historia? ¿Cómo exigir respeto si nunca se enseñó con pasión? El sistema educativo tiene una deuda moral con el país: resucitar el amor a los símbolos que nos definen como pueblo libre.
Villa ya no está con nosotros, pero su legado vive y este artículo no solo es un reclamo legal ni una crítica cultural: es una defensa del alma dominicana desde la ley, la memoria y el corazón. Es también un homenaje a un hombre que vivió para que nunca olvidáramos quiénes somos.
¡El Himno Nacional no se toca!
¡Se honra! ¡Se canta con orgullo! ¡Se transmite con amor!
Así lo vivió Villa. Así debemos defenderlo todos.
Dedicado a la memoria de Carlos Vicente Castillo Mateo (Villa),
Presidente ad vitam del Instituto Duartiano,
patriota auténtico, historiador incansable,
y conciencia viva de nuestra dominicanidad.
