OPINION // No hay ni habrá una solución dominicana al problema haitiano

No obstante, se puede apreciar un gran interés de que República Dominicana se convierta en parte de las soluciones que se barajan para Haití, siendo esto inaceptable y una afrenta contra el Estado dominicano y los intereses nacionales. Lo que quedó muy evidente en las declaraciones de Volker Türk, alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, quien pidió a República Dominicana detener las deportaciones.

por Redacción

República Dominicana: Para ningún dominicano es secreto que la mentada Comunidad Internacional no tiene soluciones implementables para Haití, un país que no es prioritario ya que es muy pobre y no se encuentra en medio de una situación geopolítica de relevancia estratégica para las naciones poderosas que dado que conforman las principales economías del planeta tienen una gran capacidad de incidencia en la decisión de organismos multilaterales como: Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización del Comercio Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos, entre otras.

No obstante, se puede apreciar un gran interés de que República Dominicana se convierta en parte de las soluciones que se barajan para Haití, siendo esto inaceptable y una afrenta contra el Estado dominicano y los intereses nacionales. Lo que quedó muy evidente en las declaraciones de Volker Türk, alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, quien pidió a República Dominicana detener las deportaciones de haitianos indocumentados, por la situación de crisis e inestabilidad que impera en aquel país.

En verdad que las implicaciones de poner en práctica una medida de esta naturaleza sería una estocada al desarrollo de Republica Dominicana porque abriría el camino en los hechos a la materialización en el país de un colectivo de refugiados en el cual el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) encontraría un terreno apropiado para desarrollar el propósito que le da existencia.

El alcance de tal medida sería catastrófico porque elevaría el número de inmigrantes indocumentados en el país, pues los indocumentados presentes sabrían que no serían objeto de deportación y los que están allá en Haití vendrían al territorio dominicano motivados por la misma “gracia” otorgada.

Entonces esto agregaría mucho más peso a esa terrible carga que llevamos los dominicanos a cuestas desde hace muchas décadas con los hospitales y las escuelas saturadas, con las calles llenas de pedigüeños y de enfermos mentales de aquel país deambulando y dado que han estado llegando con enfermedades que desde la dictadura de Trujillo fueron controladas y eliminadas en nuestro país, los índices nacionales de salubridad se han estado disparando a niveles alarmantes.

El presidente Luis Abinader en nombre del Gobierno dominicano, le salió al frente a este despropósito y fue muy enfático rechazando la sola contemplación de esa posibilidad, lo hizo de manera oportuna y muy atinada lo que ha contribuido a llevar tranquilidad a los diversos sectores nacionales que han estado viendo con bastante preocupación la masiva presencia haitiana en territorio dominicano. Presencia que de alguna manera ha contribuido a hacer más visible los movimientos nacionalistas.

Estos movimientos nacionalistas han asumido un discurso con protestas pacíficas, pero la cuestión es que politizar este tema genera gran presión política que complica el escenario social y si a esto se le suma el asedio de actores internacionales poderosos se generan un fuerte rechazo que podría hacer surgir sentimientos ultranacionalistas al percibir la sociedad dominicana que están bajo amenazas nuestra soberanía nacional y los elementos distintivos que nos caracterizan como nación.

Pero, también el presidente Luis Abinader descubrió que, con el peligroso jueguito de la ONU, si se descuida, Leonel Fernández, el potencial candidato de la Fuerza del Pueblo (FP) y Abel Martínez, el virtual candidato del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) podrían apoderarse de este tema que afecta la soberanía nacional y los interese nacionales y capitalizar las preocupaciones sociales y de seguridad que provoca la inmigración indocumentada haitiana, tema sumamente sensible para los dominicanos y que puede poner en peligro el proyecto reeleccionista del presidente Abinader.

De ahí la contundencia de su respuesta dejando claro al comisionado de Naciones Unidas que en definitiva la solución a los problemas de los haitianos deberá buscarse en Haití.

Nosotros debemos mejorar nuestra seguridad fronteriza, es muy cierto y todos nuestros instrumentos y mecanismos de control migratorio, lo que sin lugar a dudas podría limitar el trasiego de indocumentados, lo que es perentorio hacer lo más pronto posible para salvaguardar nuestros intereses nacionales. Pero, además, para evitar que todo quede en las palabras o en simples enunciados, seria pertinente, la creación de una política migratoria del gobierno dominicano, una política fronteriza y una política oficial para Haití.

Hay que revisar nuestro marco jurídico y armonizarlo con los nuevos tiempos donde se castigue de manera ejemplar las mafias que en territorio nacional se lucran con la desesperación que produce la desgracia de ese pueblo y han contribuido a profundizar nuestra vergonzosa e irresponsable participación en ese terrible problema. Tenemos que dar ejemplo de esa determinación aquí en lo local, aquí en nuestro patio, agarrando el toro por los cuernos.

Nadie está obligado a lo imposible y República Dominicana hace rato que sobrepasó sus capacidades en lo correspondiente a ayudar a Haití y lleva años pidiendo ayuda para aquel pobre país frente a la comunidad internacional. Pero, la esa comunidad internacional y los organismos multilaterales han mostrado un desinterés total a la terrible situación que vive Haití, dejándonos cargar solitos esa pesada carga.

La respuesta del presidente Luis Abinader ha sido clara y precisa al representante de un organismo multilateral que como Naciones Unidas adolece de moral para hacerle exigencias a la República Dominicana que deberá seguir deportando indocumentados, apegada solamente a nuestras leyes y a la observación meticulosa los derechos humanos de los deportados.

A Naciones Unidas y sus satélites si es que aman tanto y les preocupan los haitianos tanto… que lo dudo, que se los distribuyan en los propios territorios de los miembros del Consejo de Seguridad. Porque la realidad es que no hay ni habrá una solución dominicana al problema haitiano..

Fuente: https://almomento.net

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