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Opinión

Parar de Coger Prestado en RD

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Rubén Zabala Moreta

Por: Rubén Moreta

El proceso histórico de la República Dominicana se caracteriza por el caudillismo, el sesgo ideológico, la inconsistencia en el discurso, el transfuguismo, el pragmatismo político y la corrupción. El encuadre sociopolítico de la actualidad es el mismo de la segunda mitad del siglo XIX. Parecería que como sociedad, en ciento setenta y cinco años de vida “independiente” hemos permanecido estáticos, sin cambios significativos.

Si leemos el discurso de los intelectuales dominicanos del siglo antepasado, encontraremos los mismos atascos que hoy nos domeñan. Hoy solo han cambiado las fachadas de los pueblos, que exhiben una engañosa y falsa modernidad. Pero las cuestiones fundamentales no han tenido la atención correspondiente por los dirigentes del Estado. Significa que irresponsablemente el liderazgo nacional ha ido aplazando la solución de nuestros problemas sustantivos, quizás aprovechando los bajos niveles instruccionales de nuestras gentes.

Hoy tres problemas centrales golpean la sociedad dominicana: la pobreza, la corrupción y la impunidad. Con el actual modelo de gestión pública es imposible extirpar estos lacerantes elementos.

En sentido general, tenemos un Estado que carece de institucionalidad porque nuestros líderes se han encargado de no producir soluciones de fondo a nuestros problemas, y de usar los resortes de poder en su favor y del grupo de adláteres que constituyen su anillo de poder. Otro problema que ha perseguido a la nación dominicana es la irresponsabilidad en el gasto público y la búsqueda alegre de empréstitos para mitigar déficits, situación que –incluso- incubó una odiosa intervención imperial durante el siglo pasado.

Que Republica Dominicana tenga que destinar hoy el 47% de su Producto Interno Bruto (PIB) para el pago de su abultado endeudamiento, es para alarmarse y asustarse. Significa que la mitad de nuestras riquezas la tenemos que dedicar a conjurar compromisos crediticios.

Traducido todo esto en lenguaje sencillo, significa que estamos gastando más de lo que podemos erogar; que para equilibrar el presupuesto nacional estamos cogiendo “fiao” o prestados recursos financieros de forma desbordada y que ya nuestra capacidad para poder pagar todo el “fiao” se está agotando.

El Banco Mundial, organismo que ha validado ésta alocada carrera de deudas, ha dado la alarma sobre los efectos catastróficos que esta locura de endeudamiento del gobierno de Danilo Medina pudiera tener, incluyendo dañar las perspectivas de crecimiento, incrementar la volatilidad macroeconómica y finalmente provocar una crisis fiscal que afectaría de manera negativa a los pobres.

Es tiempo de dar un frenazo en materia de endeudamiento externo, reorientar el presupuesto, ampliar la base de contribuyentes y extirpar la evasión fiscal.

El autor es Profesor UASD.

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La Senaduría de San Juan es un asunto de Dos

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José Manuel Adames

Por: José Manuel Adames Sánchez.

La lucha por la Candidatura Senatorial en San Juan, es cosa de dos nombres, dos géneros, dos fuerzas y líderes, lo contrario es una pobre tenue.

Hay que ser muy loquito, ciego, comparón, o arriesgado para desconocer que todo corre entre la licenciada Lucía Media y el Ing. Félix Ramón Batista, los padrinos son el Presidente Danilo Medina y el ex-presidente, Dr. Leonel Fernández.

Quién se meta por aventura o por sueños quiméricos, podría pagan con creces meterse entre las patas de esos corceles, sobre todo cuando aviven la toma de espacios y la marcha del tiempo.

Indudablemente que es una lucha de muchas armas letales, para vender y quién no cuente con máscaras especiales y poder, simplemente podrían desfallecer en el mismo campo de batalla, donde se advierte emplazarán hasta Gas Napalm.

Todo esto es posible, pues siempre se ha establecido que lo más parecido a la guerra, es… » La Política «…!!

La Provincia San Juan, hoy tiene claramente dos gladiadores en la lucha interna del PLD, Lucía y Félix, un tercero sería un intruso y como tal, podría ser tratado, mejor dicho como en Haití, juzgan a los cuatreros… “Le Prenden Fuego en el Trasero «.

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Mis Recuerdos de la Guerra de Abril

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Rafael Pineda

Por: Rafael Pineda.

MONTEVIDEO, Uruguay- El 24 de abril del 1965, día que empezó la revolución, yo era un muchacho que no había cumplido la mayoría de edad.

Vivía en la calle José del Carmen Ramírez detrás del parque José María Cabral (llamado socarronamente “Parquecito de los burros”, por causa de un pasado fundacional que no había sido olvidado). Era una plaza del tamaño regular de una cuadra, ornamentada con un arbusto que produce una flor de rojo intenso a la que llamábamos “sangre de Cristo”; ahí nos reuníamos los muchachos de ese barrio.

En recuerdo lejano la memoria me transmite la información de que era más o menos pasado el mediodía cuando, en el radio Philips de mi madre escuché las vibrantes exhortaciones patrióticas del locutor Luis Acosta Tejeda y la potente voz de José Francisco Peña Gómez haciéndole el llamado a todo ciudadano que se sintiera identificado con los ideales de la Constitución del 63 y con el retorno de Juan Bosch al poder, a manifestarse en las calles, concentrarse en las plazas públicas y esperar las instrucciones del movimiento insurreccional recién iniciado.

Tras 121 años de dictaduras la República Dominicana tuvo con Juan Bosch un primer gobierno democrático, respetuoso de los derechos humanos, con una auténtica plataforma de desarrollo económico, educativo, científico, industrial y cultural.

Su cautivante discurso lleno de imágenes realistas, sus novedosos enfoques sobre la confrontación entre el “tutumpote” y el “hijo de machepa”, su desbordante carisma, el vínculo diario con el pueblo, la sabiduría que transmitía acumulada por el contacto con la obra de Eugenio María de Hostos y Juan Jacobo Rosso, el acercamiento con la Ilustración y con los ideales de la Revolución Francesa, hicieron que, a su retorno tras largos años de exilio en Bolivia, Chile, Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Venezuela y Costa Rica, los dominicanos lo viéramos como el Mesías que traía la redención a los oprimidos.

Era lo mejor que había pasado desde el nacimiento de la República. Pero la Iglesia, la oligarquía y el gobierno de los Estados Unidos asumieron la tesis de que ese hombre tan carismático con tanto conocimiento y dominio de la historia, era peligroso para un país con una tasa tan alta de analfabetismo.

Vieron a Bosch como un riesgo para sus intereses y estrangularon con un golpe de Estado militar el primer sueño democrático de los dominicanos. Desde entonces reinaron la frustración y el caos.

Eso ocurrió la madrugada del 25 de setiembre del 1963 siendo John F. Kennedy presidente de los Estados Unidos y ahora, 19 meses después, aquí estaba el poder popular tomando las armas y las calles de Santo Domingo, ejerciendo su soberanía, instaurando de nuevo la legitimidad de la Constitución que se había dado y devolviéndole el gobierno al hombre que mejor lo había representado.

Mientras en Santo Domingo el pueblo armado derrotaba en Ciudad Nueva, en la Batalla del Puente Duarte y en la Fortaleza Ozama a los militares golpistas, en San Juan, y en toda la República, las multitudes se acantonaban. Así hasta el 28 de abril cuando entraron por las ensenadas del Puerto de Santo Domingo miles de soldados estadounidenses dispuestos a ahogar en sangre el destino de los dominicanos.

Tomé en serio las palabras de José Francisco Peña Gómez y, aprovechando un descuido de mi madre y de mi abuela, dejé la radio encendida y salí a la calle, tomé la avenida Anacaona hasta la avenida Independencia dirigiéndome al Parque Sánchez.

Caminaba rápido, unas veces corriendo y otras trotando, emocionado porque se iba a restablecer la constitucionalidad. Vi a miles de hombres, mujeres, jóvenes, niños, saliendo también de sus casas y uniéndose a la avalancha humana que gritaba las consignas “Ni un paso atrás”, “Fuera yanquis de Quisqueya”, “Constitución”, “Juan Bosch al poder”.

En el Parque Sánchez, estaba reunida la multitud. Los liceales tomaron el control del movimiento. Sobresalían los rostros de César Bautista, Frank Fernández Sánchez (La Bollinca) Teófilo Bello, Manuel Herrera (Manuel Los Hierros), Papo (“Bazuca”), “Aguilita” Paulino, José Nicanor de la Rosa.

Después de varias horas de espera entre argumentación y consignas pidiendo el retorno de Juan Bosch al poder y la aplicación de la Constitución, uno de los oradores informó que el coronel Pérez Guillén, comandante de la Tercera Brigada del Ejército, se puso del lado del pueblo y que iba a entregar las armas bajo su control.

Había que procurar esos hierros y la multitud enardecida se volcó hacia allá. Estuvimos varias horas frente al recinto militar esperando que se abrieran las puertas. Tras una larga espera un mensajero informó que el coronel estaba esperando un poco más de tiempo, quería que las cosas se definieran mejor antes de entregar las armas y pedía a la multitud que por favor tuvieran paciencia.

¿Paciencia? Empezamos a tomar las calles de nuevo, entramos por la 16 de agosto hasta la Mariano Rodríguez Objío donde se detuvo la marcha. En el techo de una lujosa residencia situada en esa esquina había una poderosa antena.

Dijeron que en esa casa funcionaba un centro de espionaje y que desde allí le mandaban mensajes cifrados a las tropas invasoras. Hasta el último minuto de ese día hubo intento por atacar esa casa, hasta que llegó alguien a persuadir a la multitud de que quien allí vivía era un señor de apellido Herrera, un inofensivo hombre de negocios.

Entonces volvimos al Parque Sánchez donde esperaban los camiones que, para trasladar a los que irían a Santo Domingo a combatir, había puesto al servicio de la revolución el comerciante español residente en Juan de Herrera Emiliano Hernández. Monté en uno de esos camiones pero, a pesar de que estaba próximo a cumplir los 15 años el aspecto físico me hacía parecer más joven y los adultos me obligaron a bajar.

Ellos se fueron a cumplir con su deber y yo quedé en San Juan escuchando por la radio el desarrollo de los acontecimientos, los mensajes que desde la zona de guerra transmitían los locutores combatientes, Fredy Beras Goico, Rivera Batista, Acosta Tejeda, Franklin Domínguez, Mario Báez Asunción, Ercilio Veloz, Plinio Vargas y otros.

En una reciente conversación con mi compueblano Teófilo Bello (“Pipiro”), quien al momento de comenzar la insurrección era el presidente del Sindicato de empleados del comercio, y quien se convirtió en uno de los comandantes de la guerra, me contó que a su llegada el grupo de sanjuaneros se integró al Comando B-3, pasando luego a ocupar unas instalaciones propiedad de Moro Peña en la calle Hernando de Gorjón. Así, asesorados por el comandante Héctor Lachapelle Díaz, se conformó el Comando Sanjuanero, distinguiéndose entre sus miembros los combatientes Guillermo Bautista, Hungría Mesa, Rafael y Aguilita Paulino, Juan Bautista Valenzuela, Juanín Cofresí, Fernando Oviedo y Mario Terrero (éste acompañó al comandante Francis Caamaño hasta su último combate en febrero del 1973).

El pueblo dominicano tuvo por segunda vez en un lapso de 49 años, que enfrentar con piedras, espejos y bombas molotov, al Ejercito más grande del mundo. Me contaba Teófilo Bello que las armas de calibre pesado utilizadas por el improvisado Ejercito popular, eran las que les iban quitando al enemigo.

El 31 de agosto del 1965 se le puso término a la guerra mediante la firma de la denominada “Acta de Reconciliación”, la cual devino en un engaño que frustró las esperanzas de aquella generación y provocó un nuevo alzamiento del coronel Francis Caamaño en 1973.

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La Revolución de Abril de 1965

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Rubén Zabala Moreta

Por: Rubén Moreta, M.A.

En la Revolución del 24 de Abril del 1965 militares progresistas dominicanos, junto al pueblo, cincelaron una unidad monolítica que persiguió reinstalar en el poder al Presidente Juan Bosch, infelizmente derrocado en el 1963, cuando llevaba siete meses en el poder.

Esta epopeya, cuatro días después de iniciadas las acciones, mutó a guerra patria, por la odiosa invasión norteamericana.

La revolución de abril produjo más de seis mil víctimas dominicanas, pero el pueblo sin rendirse, luchó como fiera en contra el imperio militar y político más grande del mundo, los Estados Unidos de Norteamérica.

El coronel Rafael Fernández Domínguez fue el fundador y organizador del movimiento militar constitucionalista dentro de las Fuerzas Armadas. Develado su propósito fue exiliado y delegó las tareas conspirativas en el Coronel Miguel Ángel Hernández Ramírez, de todo lo cual estaba enterado el Profesor Juan Bosch, exiliado en Puerto Rico. Pero quien concluyó como líder de la Revolución Constitucionalista fue el coronel Francisco Alberto Caamaño Deño.

Antecedentes de la Revolución de Abril del 1965.

El ascenso al gobierno del Profesor Juan Bosch marcó el inicio de la democracia dominicana, tras padecer una dilatada y oprobiosa dictadura de treinta y un años. Las elecciones ganadas por Bosch se celebraron el 20 de diciembre 1962, tomó posesión el 27 de febrero del 1963 y siete meses después, -el 25 de Septiembre de ese mismo año-, su gobierno fue derrocado por un golpe de Estado.

Tras el golpe de estado, se instaló en el gobierno un Triunvirato, y se juramentó como Presidente del mismo el abogado sanjuanero Emilio de los Santos, quien era el Presidente de la Junta Central Electoral, y le había entregado el certificado de elección al Profesor Juan Bosch como presidente constitucional.

El ansia de libertad del pueblo dominicano constituyó la mayor razón para el triunfo electoral y ascenso al poder del Profesor Bosch. La sociedad dominicana deseaba vivir en democracia y libertad, pero el gobierno de Bosch fue erosionado por la conspiración de los remanentes del Trujillismo, junto a un sector del clero católico, a la gran burguesía y elementos de la pequeña burguesía urbana nucleados en el Partido Unión Cívica Nacional, contando con el respaldo expreso del gobierno de los Estados Unidos, a través de su Embajada en el país.

Esos sectores lograron subvertir y quebrantar el orden constitucional, a través de un sacrílego golpe de Estado, que quebró la institucionalidad, sacó del poder a Bosch, produjo su exilio e hiere mortalmente la bisoña democracia.

Los niños y jóvenes del siglo XXI deben saber que el gobierno de Bosch constituyó el primer ensayo genuinamente democrático de la historia política dominicana del siglo XX, lo cual se demuestra en las reformas sociales y políticas públicas trascendentes iniciadas en el manejo institucional del Estado, la administración de la economía y las Finanzas Públicas, el respeto de los derechos humanos, la transparencia, la garantía de las libertades civiles, la modernización del Estado, el diseño y aplicación de políticas sociales focalizadas en sectores vulnerables, como la niñez, los envejecientes y las mujeres.

El derrocamiento de Bosch, quien había obtenido un respaldo popular cercano al sesenta por ciento de los votos, generó un gran malestar social y político. Varios grupos comenzaron a condenar el golpe de estado y a reclamar el retorno de Bosch al poder. Una de las acciones más contundentes fue el alzamiento del Movimiento Revolucionario 14 de Junio el 29 de noviembre del 1963.

El líder de este movimiento guerrillero fue el Dr. Manuel Aurelio Tavares Justo (Manolo), quien inició una guerra de guerrillas en seis frentes guerrilleros:

. Las Manaclas en San José de las Matas

. La Horma en San José de Ocoa

. La Berrenda de Miches

. Loma La Colorada, en San Francisco de Macorís

. El Limón y la Escalera en Puerto Plata

. Los Lindos de Enriquillo, en la Sierra del Bahoruco

Manolo y los catorce integrantes de su comando en Las Manaclas, tras rendirse, fueron ejecutados, lo que provocó consternación nacional y la renuncia del triunvirato del sanjuanero Emilio de los Santos, siendo sustituido por Donald Reid Cabral.

Aunque este movimiento fracasó, el espíritu de sacrificio de los hombres del 14 de junio fue un gran estímulo para continuar la lucha por el restablecimiento del gobierno constitucional de Juan Bosch.

Contexto de la Guerra de Abril:

En el mes de abril del 1965 se había expandido al interior de las fuerzas armadas y la policía la necesidad de reinstalar en el poder al derrocado Juan Bosch. El 24 de abril del 1965 los oficiales constitucionalistas llaman al pueblo a unirse y luchar con ellos por el retorno a la constitucionalidad, le entregan las armas, y el pueblo se organiza en comandos urbanos, desarrollando una gran guerra de guerrillas, fundamentalmente en Santo Domingo.

Aprovechando la confrontación cívico-militar interna, por segunda ocasión en el siglo pasado, los Estados Unidos de América produjeron una invasión a la República Dominicana. El 28 de abril, cuatro días después de iniciadas las hostilidades, 42 mil soldados norteamericanos invadieron suelo dominicano. Esta invasión fue una odiosa intervención imperial, rechazado por todos los demócratas del mundo, pero groseramente avalada por la Organización de Estados Americanos (OEA), que desde su nacimiento ha estado al servicio de los intereses norteamericanos.

A partir de esa odiosa invasión, la revolución de abril alcanzó la estatura de Guerra Patria, porque el pueblo unido rechazó y luchó en contra de la presencia extranjera de soldados que pisoteaban la dignidad nacional.

En este 54 aniversario de la Revolución de Abril Honor y gloria a los coroneles Fernández Domínguez y Francisco Alberto Caamaño (hijo del sanjuanero Fausto Caamaño) y honor a los soldados constitucionalistas que defendieron con gallardía la dignidad nacional.

El autor es Profesor UASD.

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