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¿Cogidos por el pichirrí?

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En el Congreso Nacional se está discutiendo una reforma al Sistema Dominicano de Seguridad Social. Aunque la propuesta de modificación fue presentada por el sector sindical y es bastante moderada, con el objetivo de rescatar las pensiones de las garras del sistema bancario y recuperarlas como derecho social, a todas luces los interesados en que el negocio y la piñata no se acaben están haciendo todo para desviar el debate. Además, tienen “expertos”, juristas y hasta políticos que ayudan a que eso ocurra.

Esta ha sido la historia desde el inicio. Apenas estrenado el primer gobierno de Leonel Fernández, una de sus primeras medidas fue constituir una comisión tripartita (COTRESS) para redactar un anteproyecto de reforma a la seguridad social. El proyecto contó con auspicios de la OIT y se sometió al Congreso Nacional. La finalidad era crear un sistema solidario de pensiones, bajo el modelo de reparto y superando las deformaciones heredadas del viejo régimen.

El Banco Mundial y el BID dispusieron préstamos millonarios para “apoyar” el proyecto. Con ese dinero se pagaron consultores, expertos y asesores, casi siempre allegados a la banca internacional, que vinieron a impulsar la reforma patrocinada por el Banco Mundial en América Latina, tomando a Chile como laboratorio y supuesto “caso de éxito”. Para ese entonces, ya los banqueros habían ido a aquel país, donde descubrieron la “gallina de los huevos de oro” en las AFP y la capitalización individual. El proyecto original sería desviado.

En 1998, ya los debates estaban en un punto álgido. En un foro organizado para tratar el tema, el entonces Secretario de Estado de Trabajo, Rafael Alburquerque advirtió: “…se incurre en una falacia cuando se oponen las bondades de la capitalización individual a los efectos perversos del sistema tradicional de reparto, pues si este último tiene sus problemas no es menos cierto, como se ha mostrado, que el primero puede ser muy perjudicial para los trabajadores de bajos ingresos y para las mujeres…”. Y más adelante dijo: ”el debate al cual asistimos es el antagonismo entre los que creen y los que no creen en la seguridad social; entre los que intentan preservar la seguridad social y los que tratan de sepultarla; (…) entre los que entienden que la economía debe estar al servicio del hombre y los que piensan lo contrario; entre los que defienden la seguridad social real y verdadera, y los que buscan un negocio asegurado”.

Ese negocio asegurado, de economía parasitaria y corrupción legalizada, logró imponerse en base a jugadas de poder. Y ha demostrado ser un fracaso social y económico, pero exitoso para los pocos grandes banqueros, tal como lo vaticinó Alburquerque hace veinte años, como se ha confirmado en Chile, El Salvador, Colombia, México, Argentina, Bolivia y se pronostica será en República Dominicana.

El problema está en que esos banqueros -de por sí muy poderosos- manejan ya en pensiones un fondo que bordea los 430 mil millones de pesos, un 12% del PIB, y al prestarlo al Estado se han convertido en dueños de una enorme deuda pública. Casi tienen al país cogido por el pichirrí. No ofrecen absolutamente nada nuevo, ninguna solución a la catástrofe que se avecina. Pero tienen el poder económico y político, y los aliados, para torcer la política e imponer sus términos, si las mayorías no hacemos nada al respecto.

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Riqueza indecente

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Riqueza indecente

Crear riqueza en el tiempo, paso a paso, peldaño a peldaño, debe ser fascinante, especialmente si en el proceso se imponen la creatividad, la inventiva y esa energía épica de los ganadores inconformes que van siempre por más aunque hayan tocado la cúspide.

Quienes trabajaron su fortuna con tesón, valentía y denuedo, venciendo obstáculos, yugulando la pobreza y las limitaciones, son dueños de una vida que es en sí una narrativa colindante con el realismo maravilloso.

Los ricos con esas características suelen mostrar una sólida vocación desarrollista, se enfocan en impactar a favor de su entorno, en hacer que mucha gente salga de la pobreza a través del empleo y de aportes no vinculados con dádivas perversas, sino con la creación de capital social.

Estos son –desde mi óptica- adinerados orgánicos que le imprimen un valor extra a su fortuna, la legitiman y la convierten en aceptable al ganarse la buena voluntad de la gente, en una suerte de licencia social o de reconocimiento colectivo.

Este homenaje no se adapta a la riqueza indecente que se forma con rapidez, proviene del peculado, la estafa, el saqueo al Erario, el blanqueo y, de paso, resulta destructiva porque prefiere respaldar las malas prácticas y despertar la adoración o la idolatría al dinero por el dinero.

Es como una especie de anatema que provee confort material, pero a su vez marca a sus tenedores y a sus generaciones como pillos malvados, que no pueden alzar la voz ni sacar cabeza so pena de ser aplastados por el juicio implacable de la sociedad.

Es una riqueza incómoda de llevar, dolorosa, fétida, sin elegancia ni historia para contar. Es una abundancia fundada en la oquedad, en el vacío de espíritu, en la ausencia de alma, rodeada de fantasmas que acorralan a los dueños de estos caudales, tan pobres y tan miserables que no tienen más que dinero, como diría el poeta Joaquín Sabina.

Fuente: noticiassin.com

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La prolongación de la lucha interna eleva la vulnerabilidad del PLD

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La encarnizada lucha por el liderazgo y la candidatura presidencial del PLD y la acumulación de problemas nacionales y de grandes insatisfacciones abren perspectivas para un cambio político en el 2020 si la oposición logra sintonizar con la ciudadanía

Por Juan Bolívar Díaz

Todo parece indicar que la encarnizada lucha entre el presidente Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández por el liderazgo y la candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana para el 2020 se prolongará por tiempo aún indefinido incrementando la vulnerabilidad de su dominio político y poniendo en riesgo su unidad.

Las grandes insatisfacciones nacionales estallan cada vez más en las calles, pero la dispersión de la oposición dificulta romper la percepción de que no es posible desplazar al peledeísmo del poder por los niveles de controles políticos, institucionales y sociales que le han permitido gobernar por cuatro períodos consecutivos.

Todos dependen de Danilo

Es cada vez más visible que en el PLD todos dependen de la decisión que tome el presidente Danilo Medina sobre si acatará el límite constitucional que él mismo se autoimpuso en un pacto interno y juramento ante la nación para justificar una reforma constitucional que le permitió reelegirse en el 2016.

Como el mismo Medina dijo a mediados de agosto, sería en marzo cuando comunicará su decisión, que adelantó ya tiene adoptada, de si optará por otro período gubernamental, aunque en un segundo momento habló también de julio, lo que podría prolongar aún más la incertidumbre en su partido, mientras su contrincante sigue repasando la geografía nacional en su empeño por retornar al poder.

La prolongación de la indefinición de Medina sería letal para los precandidatos alternativos que esperan ganar su apoyo para intentar competir con el presidente del partido, que aparece líder en las encuestas tanto en el universo de los electores como entre los que confiesan su preferencia por el PLD, apenas con Francisco Domínguez Brito superando el 2 por ciento de las preferencias en encuestas como la de Gallup para HOY.

Es relevante que después de los dos mayores líderes peledeistas, que han gobernado cinco de los últimos seis períodos, quien aparece con mayores preferencias en todas las encuestas es la vicepresidenta Margarita Cedeño, generalmente ignorada en un partido donde el machismo parece lejos de haberse batido en retirada. Si pensaran en una candidatura alternativa de transacción ella debería ser la primera a ser tomada en cuenta, aunque muchos creen que no le beneficia su condición de esposa de Leonel Fernández, aunque podría sobrarle personalidad para actuar con suficiente independencia.

Tremendo círculo vicioso

La lucha grupal en el PLD, que ya se expande por todos sus niveles y alcanza límites de altos riesgos, ha caído en un tremendo círculo vicioso por el rechazo mutuo entre danilistas y leonelistas. Los primeros acarician la ilusión de encontrar una brecha que permita otra reforma constitucional para anular el impedimento del actual presidente para volver a postularse. Pero para eso lo primero sería convencer a unos 42 legisladores peledeístas firmemente comprometidos con Leonel, como quedó demostrado en más de un año de lucha de los danilistas por imponer el padrón abierto para elegir los candidatos. Si lo lograran todavía les faltaría buscarse una veintena de votos en la oposición política.

Hay quienes están convencidos de que el poder presidencial lo puede todo, pero lo del padrón abierto demostró, en la Cámara de Diputados, que tiene límites en las actuales circunstancias. Si Danilo no es rehabilitado para la candidatura, los peledeístas seguirán prefiriendo a Fernández, como mejor garantía de prolongarse en el disfrute del poder.

Los empeños por rehabilitar a Medina chocan con un rechazo tan grande que se ha extendido hasta el 71 por ciento de la población en la encuesta Gallup-HOY publicada en octubre, en incremento, ya que en febrero era 67 por ciento. Incluyó al 57 por ciento de los que se confesaron peledeístas. Aún cuando el 80 por ciento dijo creer que el presidente persigue continuar. Es cierto que en el 2015 pudo reformar la Constitución, pero la Gallup-HOY de septiembre del 2014 arrojaba un 66 por ciento que la favorecía. En la encuesta ASISA de septiembre los opuestos a otra reforma constitucional reeleccionista alcanzaron el 75 por ciento.

Aferrados a la ilusión

La cultura continuista nacional y las 39 reformas de la Constitución, las últimas 4 a partir de 1994 relacionadas con la reelección presidencial, más el arraigo de la creencia de que el presidencialismo lo puede todo, podría mantener la ilusión de que tarde o temprano se impondrá el continuismo y prolongar el tiempo en que Danilo anuncie su decisión final, si para marzo no ha cambiado la correlación de las fuerzas internas.

Los entusiastas promotores del continuismo de Danilo se ilusionan tanto, que a falta de ingredientes nacionales que los alienten, se han entusiasmado con “el extraordinario éxito de la histórica visita” del mandatario a China. La enorme propaganda desarrollada al respecto no será suficiente para cambiar las perspectivas en términos objetivos y tendrán que buscarse un palo que derribe a Leonel y le quite el apoyo del 40 por ciento de los legisladores del partido morado.

La alta tensión alcanzada por la rivalidad peledeísta es un factor que dificulta la imposición, pues ambos sectores son conscientes de que, aún con las debilidades de la oposición política, se necesitan mutuamente para seguir predominando cualquiera que sea el candidato. Pero además crece el número de los que entienden que será necesario un nuevo pacto interno para mantener la unidad y evitar los riesgos de perder tanto poder acumulado.

Las perspectivas no indican una pronta superación de la contienda, en tanto no emerja una alternativa opositora fuerte que los sacuda y permita ganar terreno a los partidarios de las negociaciones, algunos conscientes de que los grandes partidos se dividen generalmente en las luchas por las candidaturas presidenciales y que las divisiones no dan preaviso de fecha ni circunstancias. Los ejemplos sobren a nivel internacional y aquí los perredeístas se pelearon durante tres décadas, en el poder y en la oposición y lograban ponerse de acuerdo, hasta que se les agotó la pista y el más antiguo partido nacional cayó de una elección a otra del 47 al 5 por ciento del sufragio.

Retos para la oposición

La prolongación y posible profundización de la lucha intra PLD abre perspectivas para la oposición política, sobre todo cuando crecen las manifestaciones de insatisfacción y hastío por  la gestión gubernamental, que ya no solo se expresa en la Marcha Verde, sino que paralizó recientemente casi todas las 14 provincias del Cibao.

El acuerdo con que los aspirantes a la candidatura presidencial del principal partido opositor, el Revolucionario Moderno (PRM), llegan a la reunión de su Comité Nacional de mañana domingo, para la ratificación del voto interno para elegir sus candidatos, constituye un aliento y sería un segundo éxito después de haber renovado su dirigencia en todo el país en base a un nuevo padrón que no ha sido objeto de la menor impugnación.

Pero tanto el PRM como los demás partidos de oposición tendrán que convencerse de que ninguno por sí solo, y tal vez ni todos juntos, podrán vencer la inmensa maquinaria de poder montada por el PLD, a menos que consigan desatar fuerzas sociales latentes. Tienen a su favor un creciente movimiento desde la sociedad civil que trata de convertir en fuerza política-electoral las energías manifestadas en la Marcha Verde contra la corrupción y la impunidad. Una convergencia de grupos y ciudadanos relevantes en las luchas democráticas tiene una prueba en la asamblea que han convocado para mañana domingo para proclamar la necesidad de una “Coalición por la Regeneración Nacional y un Nuevo Modelo de Desarrollo Económico Social”.

El primer gran reto que tendría por delante esa movilización social es conseguir restaurar y profundizar la unidad de acción que mantuvieron durante dos años una decena de partidos, cuyo primer objetivo era presionar por cambios en el régimen electoral que pongan límites al abuso del Estado, en lo que los peledeístas tienen máster y doctorado.

El PLD no es invencible

La oposición tiene que romper el mito de que el PLD es invencible, por más fuerzas y dominación que haya acumulado, recordando que así era el reformismo balaguerista en 1978, con toda su manipulación política de las Fuerzas Armadas y la Policía que ahora ya no es posible,  y terminó desplazado por una conjunción político-social alentada por el hastío, la corrupción y los abusos antidemocráticos.

Tendrían que apelar al liderazgo social para vencer la inercia y la escasa credibilidad de la ciudadanía dominicana en los partidos, sólo 23 por ciento en la última Gallup-HOY, 20 por ciento en el Barómetro de las Américas y 15 por ciento en el Latino-barómetro. Mientras la última encuesta MarkPenn-SIN indicaba en agosto que el 59 por ciento de los dominicanos se confesaba sin vínculos partidarios.

La oposición tendría que aprovechar los meses que quedan de desconcierto en el PLD, sin contar con que pueda terminar en división, elevando al máximo su oposición a otra reforma constitucional reeleccionista y su exigencia de reformas electorales, y prepararse para explotar el hecho de que la más posible alternativa peledeísta, Leonel Fernández, tiene la más alta tasa de rechazo entre los presidenciables del país y que llegaría a la candidatura impulsado y lastrado por varios de los mayores corruptos del partido dominante.

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La reelección como maldición

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La reelección presidencial ha sido una maldición para el pueblo dominicano desde 1848 cuando se proclamó, en pañales, la independencia. Desde Pedro Santana, hasta nuestros días, la continuidad en el poder de los grupos económicos y políticos ha impedido el fortalecimiento del Estado y de sus instituciones. Esos sectores son los responsables de que nuestro país ocupe los primeros lugares en los rankings de los más atrasados del mundo.

Nada bueno nos ha dejado la perpetuidad de  los dioses de la política en el gobierno. Las muchas dictaduras que ha padecido el pueblo han sido corruptas, violadoras de los derechos humanos, criminales sin escrúpulos y asesinos vulgares.

Reelección, fraudes electorales, golpe de Estado, traición, engaño, demagogia, robo, estafa, apresamientos políticos, torturas, exilio, desaparecidos y asesinatos, han sido los elementos que han caracterizado gran parte de los gobiernos que hemos tenido.

José Francisco Peña Gómez, un estudioso de la política nacional e internacional, se opuso siempre a la reelección presidencial. La historia le enseño los daños que le hace al país. Por eso elevó siempre la bandera de la no reelección.

Hipólito Mejía lo intentó, desoyendo la tesis del líder ya muerto, pero como era previsible,  por las razones que sea, fracasó. Ha reconocido en múltiples ocasiones que fue un grave error; ha dicho que la reelección es “una gran vaina” porque le hace daño a la democracia y al desarrollo del país. (Nunca es tarde para recapacitar).

En 39 ocasiones que nuestra Carta Magna ha sido modificada, casi siempre el tema está presente. Nadie quiere irse del Palacio Nacional, a menos que no sea muerto por la edad, o asesinado. Nos abocamos a otro intento de perpetuidad en el poder.

Danilo Medina es un hombre al que no se le puede creer nada de lo que dice. Primero dijo que sólo quería cuatro años “y ni un día más”; que no volvería 4 años después. Afirmó que para reelegirse había que “comerse un tiburón podrido”; que los funcionarios no saben distinguir entre el dinero público y el dinero de una campaña electoral. Un mudo, como lo es cuando le interesa,  habló hasta por los codos en contra de la reelección.

La historia es muy reciente. Todos la conocemos. Compró el Congreso para cambiar el texto constitucional; compró la Junta Central Electoral que le dio 62% a través de unos escáneres que no sirven, de los cuales aún debemos 40 millones de dólares; compró bocinas al por mayor y al detalle. Compró la voluntad popular. (Su  asesor, al que le agradece eternamente, era y sigue siendo, Joao Santana, el genio de Odebrecht).

Después de esos hechos bochornosos, dijo que no volvería nunca más, que el modelo de Estados Unidos es el mejor: un mandato, la posibilidad de otro, y nunca jamás. Ahora, como el que defeca y no lo siente, anda afanosamente tras otro periodo para lo cual está utilizando jueces, abogados, congresistas, ministros, políticos y otros “come yerba” (animales) para que, de un modo u otro, legitimen su repostulación.

Si en el 2015 le fue relativamente fácil hacer toda clase de artimañas para gobernar otros cuatro años, en esta ocasión el “horno no está para galletitas” en su  partido, donde el sector que encabeza Leonel Fernández, arrinconado y golpeado, no está dispuesto a cruzarse de brazos y dejar que las cosas pasen.

Y aunque lo hiciera, aunque los “leonelistas” se vendan como ganado, como lo han hecho muchos,  estoy convencido de que el pueblo, con todas sus organizaciones políticas y sociales, enfrentará al grupo de Palacio que encabeza Danilo Medina, como nunca antes lo había hecho. (Una cosa es llamar al Diablo y otra es verlo llegar)

 

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