Para represar el agua se requiere de US$3,000 MM

Para aprovechar mejor las aguas y controlar las inundaciones, en República Dominicana se requiere construir al menos diez grandes presas, que de acuerdo con estimaciones del geólogo Osiris de León costarían entre todas US$3,000 millones.

Según el experto, se necesita una presa en Guayubín, provincia Montecristi; una en Alto Yuna, específicamente en Los Quemados-Bonao (provincia Monseñor Nouel), que estaría ubicada en la confluencia del río Blanco con el río Yuna; una para el río Higuamo, que todavía no tiene represas en San Pedro de Macorís, y una para la zona de influencia del río Yaque del Sur, que en este caso es Monte Grande, iniciada formalmente hace varias semanas en Barahona.

También sugiere una presa para el río Soco (en San Pedro de Macorís), una para Chavón (en La Romana); una para el río Sanate, en la provincia La Altagracia, y otra para el río Duey, también en la provincia La Altagracia. Son cinco grandes ríos ubicados en el este de la República Dominicana. De León asegura que se requiere contar con una represa en el río Bao, en la zona de Sabana Iglesia, en Santiago de los Caballeros, (en la zona Norte del país), y otra en el río Yaque del Norte.

En el país se comenzó con la construcción de grandes presas desde principio de los años 70, cuando el entonces presidente Joaquín Balaguer dio inicio a la presa de Tavera y luego a la de Valdesia, que fueron las dos primeras. Para ese entonces, construir una presa costaba cerca de 45 millones de dólares (casi 50 millones de pesos a la tasa de ese tiempo).

Actualmente, construir una presa como Tavera o Valdesia puede costar 400 o 450 millones de dólares. Si se hace la conversión a moneda nacional, eso representaría entre 19 mil y 22 mil millones de pesos. Pero construir esas obras es fundamental para este país –sin importar lo que cueste- y en eso coinciden distintos expertos en la materia.

“Es una inversión que debe hacerse y no tenerle miedo”, asegura el geólogo De León, en conversación. Recomienda no temer, porque las presas tienen una tasa interna de retorno superior al 25%. Significa que se puede recuperar el dinero invertido en ellas en unos cinco años.

Osiris de León calcula que en Guayubín se puede hacer una presa que podría costar US$250 millones; la de Alto Yuna costaría entre 350 y 400 millones de dólares, mientras que en el Este algunas de las presas que sugiere costarían unos 200 millones de dólares cada una. Para tomar decisiones respecto a las presas hay que considerar dos aspectos. El primero es el presupuesto disponible y el segundo los requerimientos de agua de la zona donde se va a construir.

“El país tiene que reconocer que estamos en una situación de cambio climático que va a estar produciendo dos variables extremas en momentos distintos. Uno de ellos es que vamos a estar teniendo muchas lluvias, como es el caso de los años 2017 y el actual 2018, fruto del fenómeno de La Niña actuando sobre el océano Atlántico”, plantea el experto.

Agrega que cada vez que tengamos el fenómeno de La Niña habrá muchas lluvias. “Cuando tenemos muchas lluvias es cuando se nota que necesitamos presas para almacenar esas aguas, porque al terminar el período de La Niña, cuando llega El Niño, tenemos sequía. Es ahí donde necesitamos grandes presas, en vez de pequeñas presas, que puedan almacenar suficientes volúmenes de agua y luego administrar adecuadamente esa agua para acueductos y para canales de riego en períodos de sequía, que vamos a estar teniendo fruto de la situación del cambio climático”, explica. En la parte este del territorio nacional, según los cálculos de De León, caen más de 1,500 milímetros de lluvia por cada metro cuadrado anualmente. “Toda esa agua se pierde porque no hay embalses para almacenarla. Hay que ir buscando recursos propios o de préstamos para construir esas presas”, indica.
Valoró como importante la redefinición de los volúmenes de agua para la presa Monte Grande, que hace unas tres semanas inició formalmente, con miras a culminarla en unos 30 meses. La capacidad de almacenamiento de esa presa que refiere el especialista se ha llevado a 350 millones de metros cúbicos de agua, con la idea de que Monte Grande pueda almacenar toda el agua que sea derivada desde Sabana Yegua y desde Sabaneta para retenerla ahí. Cuando se suma la capacidad de almacenamiento de Sabana Yegua (400 millones de metros cúbicos de agua) con la de Monte Grande (350 millones de metros cúbicos) entre las dos habrá 750 millones de metros cúbicos del citado líquido en capacidad de almacenamiento.

Sostiene que en las demás cuencas hidrográficas del país es necesario realizar un trabajo también. “Por ejemplo, el río Yaque del Norte tiene una sola presa, que es la de Tavera. Igual pasa en el río Yuna, donde solamente tenemos la represa de Hatillo, que es la más grande del país, y que almacena 400 millones de metros cúbicos de agua. Pero está estudiado el sitio de represa de Alto Yuna, en Los Quemados de Bonao, donde no se ha ejecutado ese proyecto”, sostiene el geólogo.

Agrega que aunque tenemos la represa de Río Blanco, que es un afluente del río Yuna, la función de esta es fundamentalmente producir energía hidroeléctrica. Dijo que aunque también está la represa de Pinalito, que es un afluente del río Blanco, la función de Pinalito es fundamentalmente producir energía.

En una parte importante de sus planteamientos, Osiris de León coincide con el ingeniero Silvio Carrasco, experto en temas de agua y exdirector del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrhi), en el sentido de que “las presas se pagan ellas solas en cinco o en seis años”. Carrasco ha dicho que si se construye Alto Yuna y se desvía el río Yuna hacia Rincón-río Jima (provincia La Vega) el agua que reciba Jima puede destinarse para Villa Tapia, Salcedo y Tenares (provincia Hermanas Mirabal) y de esa forma ser aprovechada para los cultivos en secano, como es el caso del plátano.

Tres para Noroeste y para el Bajo Yuna

Silvio Carrasco ha planteado que para resolver el tema de las inundaciones en la Línea Noroeste y el Bajo Yuna se requiere construir tres grandes presas y aconseja que esas obras se realicen con dinero del Presupuesto Nacional. La primera de ellas debe ser la de Guayubín y no la de Ámina, como se ha estado diciendo; la segunda debe ser la presa de Ámina baja (no Ámina alta) y una tercera presa debe ser la de Alto Yuna en Los Quemados, Bonao, en la confluencia de río Blanco con río Yuna. De esa forma, en el caso de la Alto Yuna, permitiría verter agua desde ahí hacia Rincón y desviar el río Yuna a esa parte, es decir, a Rincón, específicamente hacia el río Jima.

Silvio Carrasco
Con el agua hay dos grandes problemas: las inundaciones y las sequías. Ambos atacan a la pobreza. Hay que buscar soluciones grandes para grandes problemas”.

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