Cada cuatro años, o en cada año electoral, el votante acude a votar por uno o varios candidatos a ocupar cargos o curules importantes en la dirección de la administración pública. Ocurre esto en todos los países donde se ha instaurado el sistema de la democracia representativa, en la gran mayoría de los países del hemisferio occidental y en algunos países orientales donde se ha instaurado este modelo político de gobernar. Hay muchos países asiáticos y africanos donde ese modelo no impera porque hay roles que el Estado tiene que no conserva en naciones occidentales; precisamente, donde nació el Estado (en Asia), se da el caso de que en que los gobiernos no tienen origen en el modelo de la democracia “liberal” occidental.
El autor de este artículo pone la palabra liberal entre comillas porque libre tiene la misma raíz de liberal. En realidad, si le llamamos liberal, el ciudadano que elige debería ser libre.
Lo peor del caso es que los candidatos o los precandidatos si se trata de las primarias o convenciones de partidos (pre-elecciones), en países como la República Dominicana de hoy, no tienen una agenda de gobierno. Hoy sólo se habla en el contexto de un discurso anticorrupción, pero ocurre que la corrupción es sistémica, nada logramos con coger el rábano por las hojas.
El discurso y las acciones deberían ser contra el sistema neoliberal de dominación, contra la hegemonía del capital financiero que se engulle casi las riquezas creadas por los trabajadores asalariados, los artesanos, que deja en la miseria a los chiriperos, empobrece a grandes sectores de las capas medias (sobre todo a médicos y algunos ingenieros), que lleva a la ruina o quiebra de sus unidades productivas a algunos empresarios agrícolas, al igual que a industriales y comerciantes, no vinculados a la banca.
Ningún candidato presidencial habla en contra de los paraísos fiscales, ni en contra de las AFP y ARS privadas, ni propone estatizar los bancos. Esto aplica a Leonel Fernández, Luis Abinader, Gonzalo Castillo, Guillermo Moreno y todos los demás candidatos, ninguno de ellos tiene una agenda de lo que piensa hacer como gobierno, por lo menos ese no es su discurso.
El discurso encendido y fluido del dirigente Paliza del PRM atrae a cualquiera, pero sólo habla de corrupción y de la administración judicial, de cuestionamientos en la elección de jueces y/o fiscales en los gobiernos del PLD. Así el país no vivirá bajo Estado de bienestar, en un gobierno que sea del PRM, PLD, FP o Alpaís.
Lo peor es que una vez que las elecciones transcurren, instalados los gobernantes, no se le permite a los ciudadanos hablar o deliberar sobre los asuntos públicos, la opinión de los electores o sufragantes no cuentan. Si se les dejara deliberar a los ciudadanos comunes aflorarían las contradicciones que arrojarían sobre las causas del estado de malestar, lo que fuerzas centrípetas provocara caos o desorden, pero luego llevarían para su solución con cambio sistémico y un orden nuevo.
En cuanto a candidatos a alcaldes, ninguno de ellos tiene una oferta atractiva. Verbigracia, ¿cuál es la oferta del octogenario Johnny Ventura? Habla de organizar el tránsito, pero: ¿cómo?, si no se detiene la importación de vehículos, lo cual es una decisión que la toma el poder ejecutivo o el legislativo: por decreto o por ley. Otros candidatos a alcaldes han dicho lo mismo. En cuanto a Carolina, ésta ha dicho que desarrollará el turismo, ¿a quien favorece que en La Capital se desarrollen las áreas atractivas para los turistas?: ¿al grupo Vicini? La tarifa por el servicio de la recolección de la basura, sin una mejoría en la recogida aunque la campaña mediática diga lo contrario, aumentó en más de un 50 % durante la gestión del actual alcalde David Collado.
Este panorama me hace evocar a un historiador profesor de la UASD, militante durante algún tiempo del PLD, cuando después de las elecciones de 1990 me dijo que él votaba por el PLD pero que era un voto botado. Esa persona me daba a entender que el no ganaba nada con votar por el PLD o que el país o la ciudadanía de este no ganaba nada con que ganara ese partido, ya fuera porque dicho partido no iba a ganar las elecciones o que en caso de ganarla nada iba a mejorar.
Ese mismo panorama es el que ve el autor de este artículo, quisiera equivocarse y que no fuera así, que el ganador a la presidencia y el alcalde ganador trajeran una mejoría para el país y para el Distrito nacional, pero cree que un voto por cualquier candidato será un voto botado. Este país merece un cambio, no el cambio del que parece habla Abinader, no un cambio de la cara de gobernante sino el cambio sistémico y que se entierre el neoliberalismo. Abinader, aunque no lo diga abiertamente, luce estar de acuerdo con darle continuidad el “Plan Nacional de Desarrollo” neoliberal de Danilo Medina.
Por otra parte, todavía -pese la intervención de organismos extranjeros- nadie puede cantar victoria en cuanto a que los conflictos suscitados a raíz de las primarias de los dos grandes partidos (las que provocaron la división del partido hasta ahora oficial: El PLD) y de las elecciones municipales, lo de que todo va salir bien puede ser y puede no ser una realidad, todavía nadie puede saber cuál va a ser la reacción o reacciones de los que la Junta Central Electoral declare como perdedores en el certamen.
Para resolver los conflictos se quiere acudir a la PUCAMAIMA, o bien, a la PUCAMAIMA y al ex-rector de ella, también se quiere presentar a las autoridades de Intec como imprescindible para los diálogos.
El Estado dominicano tiene una universidad que se llama la UASD con mucha autoridad moral, no como hasta hace poco valiéndose de una campaña mediática de sectores del capital privado quieren presentarla para hacer negocios con las universidades, pero lo que parece interesarle a Danilo Medina y al PLD de hoy es el interés privado y que los funcionarios de su gobierno se hagan multimillonarios e inviertan en empresas de servicios que no producen bienes de consumo.
No parece que Abinader sería diferente en caso de ganar, a juzgar por las apariencias, aunque muchas gentes le sigan. Participa su partido en el diálogo propiciado por la UCAMAIMA y Agripino como Mediador, y se reúne con el rector de Intec que es miembro del CES, organismo creado por el gobierno del partido oficial.
Hay que decir que la sociedad civil no son las empresas privadas, disfrazadas o no como entidades sin fines de lucro, la sociedad civil es más que eso. Todos los ciudadanos constituyen la sociedad civil o constituimos la sociedad civil; la sociedad política la integran el grupo reducido que ocupa roles en los poderes del Estado, aunque a la vez son parte de la sociedad civil. Entre sociedad civil y sociedad política se da una relación dialéctica. La sociedad civil no es lo mismo que las organizaciones de la sociedad civil.
La sociedad civil no se puede reducir ni a la empresa privada, ni a esta y las ONG, si no todos los ciudadanos. La UASD que, por ser autónoma, no sería parte de la sociedad política o del Estado, pero como tal no es privada ni ONG, aunque sus funcionarios como ciudadanos son parte de la sociedad civil, es la que debería estar mediando o una de las entidades que debería estar mediando. Ya está bueno de tanto protagonismo y solo protagonismo de la PUCAMAIMA y de Agripino, cuando no buscan soluciones al interés social general sino al interés privado, como lo deja ver el mismo ex -Rector de esa universidad en sus memorias publicadas.
La UASD con su rectora la Dra. Emma Polanco Melo estaría bien representada y podría aportar las mejores soluciones a la crisis y a los problemas del futuro inmediato y de largo plazo del país, ya que se perfile como una mujer de Estado, al igual que la decana de la Facultad de Ciencias de la Salud, la Dra. Rosel Fernández, ambas se perfilan como mujeres de Estado, como pueden aparecer otras mujeres y también hombres en la UASD. El autor no es amigo de hacer estos juicios, porque no le gusta hablar de lo que puede parecer competencia, pero viene observando el comportamiento de esas dos damas y ellas exhiben vocación por el manejo de los asuntos públicos.
Ellas, ahora que ninguna de las dos son candidatas de ningún partido y sólo son funcionarias de la universidad del Estado porque en un futuro podrían serlo, y quizás otras u otros uasdianos podrían ser mediadoras o mediadores en esta situación de crisis política nacional. ¿Por qué ni el gobierno, ni el partido y ni la oposición quieren que la UASD a través de personas como las antes señaladas sirva de mediadora, pero si ella tiene autoridad moral suficiente y es la universidad (aunque autónoma) del Estado? ¿Por qué no se exhibe un interés en que la UASD sea mediadora? Sencillamente, porque tanto en el gobierno como en la oposición no hay interés en resolver los grandes problemas nacionales, no hay interés en un cambio político anti-sistémico.
En tal sentido, partiendo de un estado de conciencia social del autor, votar es botar el voto. Nadie, ningún candidato, ofrece soluciones a los problemas que sean fiables. La solución del problema pasa por la destrucción de la hegemonía del capital financiero, nacionalización de la banca, eliminación de las AFP y ARS privadas y eliminación de los paraísos fiscales. El autor respeta las simpatías de los ciudadanos, pero no quiere votar botando el voto.
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