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Opinión

Perspectivas electorales 2024 (OPINION)

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Si usted pasa un radar político a la imagen del presidente, no tardaría mucho tiempo en enterarse que su popularidad trasciende a su propio gobierno y al Partido Revolucionario Moderno (PRM), situación que igualmente se refleja con el ex presidente de la República Leonel Fernández, respecto a su partido Fuerza del Pueblo, actualmente en etapa de crecimiento y organización interna.

República Dominicana: Este año que recién finaliza va marcando el principio del fin de la primera mitad del gobierno constitucional del presidente Luis Abinader Corona como jefe del Estado dominicano, en un momento donde se podría afirmar que el mismo está bien valorado por la población, sin embargo, al mismo tiempo, luce como una golondrina intentando hacer verano en solitario.

Si usted pasa un radar político a la imagen del presidente, no tardaría mucho tiempo en enterarse que su popularidad trasciende a su propio gobierno y al Partido Revolucionario Moderno (PRM), situación que igualmente se refleja con el ex presidente de la República Leonel Fernández, respecto a su partido Fuerza del Pueblo, actualmente en etapa de crecimiento y organización interna.

Leonel Fernandez desea volver a ser presidente y para ello trabaja como una hormiga, en el centro y en la orilla desde las mismas entrañas del tejido social dominicano, tanto dentro como fuera del país. Su partido, al momento, es la única organización que va experimentando crecimiento, pues los demás partidos mayoritarios, por circunstancias diversas, han llegado a su tope, y otros se encuentran visiblemente estancados.

En esa línea cerramos el año con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en una situación de imagen muy distinta a años anteriores. Luce muy afectado por la actual política anticorrupción que lleva a cabo el gobierno a través del Ministerio Público. Digo el gobierno, pues aunque se percibe cierta independencia en la actuaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) respecto al Palacio Nacional, no es menos cierto que el ejecutivo central ha sacado ventaja política y electoral de los procesos judiciales, y hasta cierto punto, al margen de la efectividad de la lucha anticorrupción y el apoyo que la misma recibe de la población general, hay quienes observan cierto grado de selectividad, y el gobierno, aunque expresa no inmiscuirse en esos asuntos, saca rentabilidad y lo publicita en los foros y escenarios internacionales.

A todo esto se suma el crecimiento económico fruto de la recuperación del sector turismo, los empleos perdidos por la pandemia y el aumento de las remesas. Estos elementos fortalecen la imagen del gobierno que deberá igualmente demostrar que está en capacidad de atender, al menos, los principales problemas que aquejan al país.

El fin del estado de emergencia y la apertura económica y social significa que ahora el Presidente no tiene excusa para poner en marcha un pliego de políticas públicas sin populismo mediático, y la oposición, la gran oportunidad de controlar al gobierno y, más que eso, mostrarse ante un electorado cada vez más novedoso, como alternativas creíbles de poder.

Durante el transcurso del próximo año y con la entrada del 2023, el escenario político dominicano irá cogiendo color y nos indicará con mayor claridad cuáles o quiénes serían los principales candidatos presidenciales con capacidad plena de retener el poder, o arrebatarlo. En tal sentido, los principales partidos trazarán sus respectivas estrategias electorales, por lo que sugiero tanto al gobierno como a la oposición, elevar el debate, enriquecer su contenido y conectar con la sociedad en sus mejores propósitos, dejando atrás las prácticas antidemocráticas, el populismo y la mentira como arma política.

Fuente: https://almomento.net

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