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Opinión

Riqueza indecente

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Riqueza indecente

Crear riqueza en el tiempo, paso a paso, peldaño a peldaño, debe ser fascinante, especialmente si en el proceso se imponen la creatividad, la inventiva y esa energía épica de los ganadores inconformes que van siempre por más aunque hayan tocado la cúspide.

Quienes trabajaron su fortuna con tesón, valentía y denuedo, venciendo obstáculos, yugulando la pobreza y las limitaciones, son dueños de una vida que es en sí una narrativa colindante con el realismo maravilloso.

Los ricos con esas características suelen mostrar una sólida vocación desarrollista, se enfocan en impactar a favor de su entorno, en hacer que mucha gente salga de la pobreza a través del empleo y de aportes no vinculados con dádivas perversas, sino con la creación de capital social.

Estos son –desde mi óptica- adinerados orgánicos que le imprimen un valor extra a su fortuna, la legitiman y la convierten en aceptable al ganarse la buena voluntad de la gente, en una suerte de licencia social o de reconocimiento colectivo.

Este homenaje no se adapta a la riqueza indecente que se forma con rapidez, proviene del peculado, la estafa, el saqueo al Erario, el blanqueo y, de paso, resulta destructiva porque prefiere respaldar las malas prácticas y despertar la adoración o la idolatría al dinero por el dinero.

Es como una especie de anatema que provee confort material, pero a su vez marca a sus tenedores y a sus generaciones como pillos malvados, que no pueden alzar la voz ni sacar cabeza so pena de ser aplastados por el juicio implacable de la sociedad.

Es una riqueza incómoda de llevar, dolorosa, fétida, sin elegancia ni historia para contar. Es una abundancia fundada en la oquedad, en el vacío de espíritu, en la ausencia de alma, rodeada de fantasmas que acorralan a los dueños de estos caudales, tan pobres y tan miserables que no tienen más que dinero, como diría el poeta Joaquín Sabina.

Fuente: noticiassin.com

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Opinión

El 175 Aniversario de la Independencia Nacional

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Rubén Zabala Moreta

Por: Rubén Moreta

Con particular fruición los sanjuaneros –y dominicanos en general- conmemoramos el ciento setenta y cinco aniversario de la proclamación de la Independencia Nacional. 

Esta efeméride recrea y engrosa nuestra identidad nacional porque rememora que somos  herederos de una hermosa república libre, soberana e independiente de designios extranjeros, gracias al legado de nuestros Padres  Fundadores.

El proceso gestacional separatista  de nuestra media isla lo inició en 1821, junto a varios patriotas, el doctor José Núñez de Cáceres, quien rompió las ataduras políticas con el  Imperio Español y proclamo  la separación colonial, que puso punto final a la España Boba.  Ese  primer destello patriótico estuvo mediatizado por su alineamiento con la Gran Colombia, por una escasa participación popular, el restablecimiento de la esclavitud y otros defectos, que al final lo diezmaron. 

Por su escasa duración (setenta y un días), la acción de Núñez de Cáceres ha sido denominada Independencia Efímera.  Su vigencia fue del 1 de diciembre de 1821 al 9 de Febrero de 1822, con la infeliz ocupación haitiana, que se extendió por veintidós oprobiosos años.

El proyecto patriótico, revolucionario y de liberación nacional más trascendente y de mayor calado fue concebido por Juan Pablo Duarte, quien para apuntalar nuestro destino libertario atrae a jóvenes soñadores como él y funda la Sociedad Secreta La Trinitaria el 16 de julio del 1838, primigenia célula partidaria que promovió con vigor las ideas independentistas.

Los jóvenes  Juan Isidro Pérez,  Pedro Alejandrino  Pina, Juan Nepomuceno Ravelo, Benito González, Félix María Ruíz, Felipe Alfau, Jacinto de la Concha y José María Serra se integraron al proyecto emancipador.  Más tarde,  se vinculan al grupo Francisco Sánchez del  Rosario y Matías Ramón  Mella y Castillo.  Sánchez y Mella jugaron papeles estelares que lo catapultaron al reconocimiento cimero de Padres de la Patria, el primero, por dirigir, en ausencia de Duarte, las acciones revolucionarias, más su excepcional vanguardia en la Restauración de la República, y el segundo, por su valentía al lanzar el trabucazo que anuncio el nacimiento de  la República junto a su singular rol político y militar en la defensa de la  nueva república.

La Independencia  Nacional, proclamada ardorosamente la noche del 27 de Febrero de 1844, fue la hechura de un  colectivo de jóvenes entusiastas, colmados de ideas nacionalistas y liberales, al frente  de los cuales se encontraba Duarte, eximio dechado de virtudes altruistas. 

La grandeza  del forjador de la nacionalidad dominicana radica en su  inquebrantable nacionalismo, su capacidad concertadora y su fe pétrea en que la Republica Dominicana fuera parte del concierto de naciones libres y soberanas del mundo, como satisfactoriamente lo hemos logrado.

Este 27 de Febrero de 2019, vítores y honor eternos a los libertadores y fundadores  de la  nacionalidad dominicana.

El autor es Profesor UASD.

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Opinión

La Reina de Santomé (historias de la vida de provincia)

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Rafael Pineda

Por: Rafael Pineda

Montevideo, Uruguay- Con el respaldo editorial de la Fundación Marcio Veloz-Maggiolo, el escritor Guillermo Piña-Contreras ha publicado una nueva novela, “La reina de Santomé (historias de la vida de provincia)”, donde hace un registro de los incidentes que se produjeron el 22 de diciembre del 1955 tras el llamado a concurso para elegir, entre la aristocracia de la provincia Benefactor, a la que iba a ser coronada reina de Santomé. Guillú, el niño, es el protagonista relator, él nos va contando, no solo sus vivencias en el barrio y las travesuras de sus amigos, sino también las conversaciones de los mayores, especialmente las del abuelo Papapa con el Prelado Tomás F. Reilly.

La novela recrea una mañana cuando las nietas del general José María Cabral se retiraron del acto inaugural del monumento a los héroes de la batalla de Santomé, disgustadas porque el orador, Lolito Piña, le restó los méritos que les correspondían a su ancestro atribuyéndole al también general Eusebio Puello el papel principal en la derrota de los invasores haitianos.

Aunque en el mismo evento, al pronunciar el discurso de clausura, el gobernador Jando Paniagua se atrevió a decir que el único y verdadero héroe de la batalla de Santomé fue el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo Molina, poniendo así fin a la disputa.

¿Qué pasa en un país? La esencia de un país es, junto al pasado, presente y futuro de su gente, lo que ocurre todos los días en la capital de ese país y en cada una de sus comunidades, sean grandes o pequeñas; parajes, ciudades, secciones o barrios. Esto nos lo demuestra aquí el autor haciendo una radiografía del pueblo dominicano visto por los ojos de un niño de provincia, desde la perspectiva de la clase media alta a la que pertenece.

Dicen que la literatura, como la prensa, es testigo de los tiempos. Es lo que trae esta novela. Un relato testimonial del momento que el siglo XX se parte por la mitad.

 Desde esa apariencia provincial, la novela de Piña-Contreras retrata la atmósfera de silencio, miedo y terror que vivía la República Dominicana en los años del 1948 al 1955, tiempo en que transcurre. Este último año se organizó el escrutinio para elegir a la reina de Santomé, la que también representaría a la provincia en las celebraciones nacionales por el Centenario de la Independencia Nacional.

Es el mediodía del 7 de febrero del 1948: Llega a San Juan de la Maguana, un municipio del sur, el que más tarde se desempeñaría como Obispo de la Diócesis provincial,  monseñor Tomás F. Reilly, quien, por sus visitas cotidianas y largas pláticas con Papapa, viene a formar parte del entramado de la obra.

Reilly no era un personaje brotado de la ficción: Llega a la provincia precedido de un antecedente como oficial del Ejército de los Estados Unidos, veterano de la Segunda Guerra Mundial y, según decían, amigo cercano al senador John F. Kennedy.   Por su papel protagónico en la vida política de la República Dominicana, primero siendo parte del poder omnímodo del “Benefactor”, después contra él, y más adelante contra los primeros balbuceos que tuvo la democracia con el regreso del profesor Juan Bosch divulgando ideas sobre la libertad, la igualdad y la justicia social. 

El profesor Bosch venia agarrado de la mano de Voltaire, Rousseau, Montesquieu, y de lo que había aprendido de la Revolución Francesa y de la Ilustración.

Reilly, igual que el grueso de la cúpula clerical, sospechó que el predicamento de Bosch podía subvertir a la clase pobre del país, y lo enfrentó con fiereza. 

El niño Guillú tiene presente, porque se ve involucrado, que es el año del primer Centenario de la batalla que infligió la derrota definitiva a los invasores haitianos, y de los primeros 25 años de la ascensión al poder de Rafael Leónidas Trujillo Molina (llamado también “el jefe”, el “Benefactor” y el “padre de la patria nueva”.

Angelita, la hija mayor del  “Jefe”, estaba recién llegada de Europa donde se deslumbró con los oropeles y el boato de la reina Isabel ll de Inglaterra, trayendo consigo la idea de que ella también podía ser una reina y recibir los mismos honores que recibe la monarca anglosajona.

El capricho de la primogénita coincidió con el proyecto de Mario Fermín Cabral, genio pensante de la satrapía, a quien se le ocurrió plantear que los 25 años de poder ininterrumpidos  del “Jefe” debían celebrarse con una feria similar a la de Nueva York en el 1939, o por lo menos a la de Roma el 1942.

La propuesta del pensador trujillista germinó dando paso a la denominada Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo libre, una exposición celebrada del 20 de diciembre del 1955 al 31 de diciembre del 1956, con delegaciones artísticas y comerciales procedentes de 42 países.

Estas son las historias que va contando Papapa (una especie de súper abuelo) y las repercusiones que la iniciativa tuvo en la provincia Benefactor.

Papapa (ex lugarteniente del general Desiderio Arias, ex preso político, confinado por Trujillo, abuelo materno de Guillú), sostiene largas conversaciones con el Obispo Reilly; el niño escucha atento los relatos que marcarán su vida, esos que hoy son las leyendas de ese tiempo, los que, junto a los episodios principales de la propia infancia del narrador, refleja la novela  de Piña-Contreras.

Monseñor Reilly tenía un idóneo manejo  de la política y, por su experiencia y formación, sabía interactuar diestramente con los militares. Aparece en la novela una ocasión en que visita al coronel José María Alcántara, Jefe de la Tercera Brigada del Ejército, hombre de tenebroso expediente que, según se decía, apuñaló a su hermano en una disputa familiar; jefe del campo de trabajos forzados El Sisal; vinculado, entre otros crímenes, al asesinato del político Prin Ramírez. 

Alcántara, viendo llegar al purpurado, lo recibió con este saludo: “Gracias por su visita, padre- dijo el militar sin bajar la mirada-. Desde que el jefe firmó ese acuerdo con el Papa, la iglesia es la que manda en esta fortaleza”. Hacía referencia al Concordato firmado (1954) entre el tirano Trujillo y la iglesia católica.

La decisión estaba tomada; fueron movilizados los recursos del Estado para que Angelita, a sus 16 años, sea coronada reina de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre. Para ello fue contratado uno de los mejores modistos de Roma, Italia, quien confeccionó el traje de Angelita, por un costo final de 80 mil dólares.

En San Juan de la Maguana se había iniciado el proceso de transformación: Construyeron el Hotel Maguana, los palacios del Ayuntamiento, de la policía, de justicia y se iba a inaugurar el Monumento a los héroes de la batalla de Santomé, incluyendo, entre los festejos, la elección de una reina. Con esos fines se convocó a las jóvenes de buena presencia y mejor posición económica del lugar a participar en un concurso.

La ganadora fue la señorita Mirta, hija de Jorge y Lina Musalen, una prestigiosa familia de inmigrantes árabes. En segundo lugar, para la posición de virreina, quedó su antagonista Cecilia Merán.  La madre de ésta se escandaliza, no acepta la derrota y le hace una visita privada al gobernador para exigirle que revoque el veredicto del jurado:

Carmela, la madre, le recordó al gobernador Jando Paniagua su pasado, su frágil situación conyugal y la relación que lo vinculaba con los autores de la quema del Seguro Social (hecho atribuido a los antitrujillistas): “No se meta en problemas pendejamente”.

Dijo, extorsionándolo: “Todavía está a tiempo para enmendarse don Jando. ¡No se deje joder!”

“Lo que hablaron fue decisivo para que el gobernador, sin más ni más, revocara la designación”  de Mirta Musalen como representante de la provincia Benefactor en la corte de su alteza Angelita lra. En su lugar designó a la virreina Cecilia Merán. La madre impuso su capricho y el escándalo rodó de boca en boca, hasta hoy.

En “La reina de Santomé (historias de la vida de provincia)”, Guillú, apareciendo como príncipe de la Corte, nos cuenta los años de su infancia,  la historia general de un pueblo, y el  desarrollo infraestructural que le aportó la celebración del primer Centenario de la batalla de Santomé a la provincia Benefactor.

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Opinión

San Juan también tiene que zapatearse

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San Juan de la Maguana






Como lo hizo la sociedad banileja frente al drama del microtráfico rampante e impune en sus calles, así la ciudad de San Juan debe sacudirse y reclamar la salida de las autoridades que apañan la existencia de los puntos de drogas.

Ese pueblo debe unirse para exigir la salida de policías, militares o representantes de la justicia a los que se sindica como cómplices, por dinero, del tráfico ilícito y la existencia de los puntos de drogas en esa ciudad, capaces de pagar hasta 600,000 pesos semanales para comprar protección e impunidad.

Los banilejos, ante la misma disyuntiva, salieron a las calles y han galvanizado un movimiento de rechazo a los puntos de drogas, tras el asesinato de un coronel policial en una emboscada en uno de los principales puntos de drogas de allí.

Tan pronto sacaron de sus puestos a policías y militares que recibían dinero de los narcotraficantes, los banilejos se han unido a las nuevas autoridades encargadas de luchar contra las drogas, quienes han destruido puntos de venta, perseguido a los “capos” y haciendo que otros malandrines pongan pies en polvorosa.

Los sanjuaneros deben hacer lo mismo. Enfrentar responsablemente este proceso de quiebre de las instituciones que encarnan la autoridad de la ley y la custodia de la seguridad ciudadana, y luchar para devolverle a esa pujante ciudad la paz en sus calles, cuyo control ha quedado al capricho de los delincuentes.

Deben de abrir canales para denunciar públicamente a los jefes del microtráfico y sus cómplices dentro de los estamentos del Estado y apoyar a las nuevas autoridades que lleguen en su lucha sin cuartel contra el señorío de la criminalidad, la plaga nacional de nuestro tiempo.

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