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Danilo y Leonel: ¿Se hablan… o no se hablan?

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Danilo Medina y Leonel Fernández Se hablan o no se hablan

La lucha de poder….

Un gran filósofo dijo una vez que la política es el arte de disfrazar el interés general, por el interés particular. Y eso lo podemos ver cada cuatrienio cuando los aspirantes a cargos electivos de este país se lanzan a las calles a realizar campañas proselitistas para sus respectivas candidaturas.

En esos períodos las organizaciones políticas sufren una desunión muy fuerte, a tal grado que algunos de sus miembros renuncian, creando una fragmentación en los partidos, tal como sucedió en 1973, cuando Juan Bosch salió de su partido original, el PRD, y fundó el PLD.

Pero, desde su fundación, el PLD se ha mantenido unido y en el poder ininterrumpidamente durante los últimos 16 años de este siglo. A pesar de los desacuerdos que han surgido entre sus miembros, siempre prevalece la unión. ¿Está esa unidad a punto de zozobrar, debido a la lucha manifiesta entre los sectores Danilistas y Leonelistas o, más específicamente, entre Leonel y Danilo? ¿Quién ganará? Eso está por verse.

En agosto pasado muchos presenciaron la guerra cibernética en la red social Twitter, entre estos bandos donde encendieron los ánimos con los hashtags, o etiquetas en español, que fueron tendencia. El sector Leonelista colgó #ElMillónEsFuerzaDeLF, y los Danilistas colgaron #DaniloSigueCambiandoRD.

Lo cierto es que este pulso de poder entre los dos líderes peledeístas no es de ahora. Se recuerda que el 6 de noviembre del 2006, Danilo Medina convocó a una rueda de prensa para anunciar su renuncia al puesto de secretario de Estado de la Presidencia, cargo de extrema confianza del presidente de turno, y que Medina había ostentado por dos años en el gobierno de Leonel Fernández 2004-2008. En el discurso de despedida, dijo “mi decisión a partir de ahora, es seguir sirviendo a mi país, sólo que desde otra posición, en este caso desde el interior del PLD, al que me debo y al que considero un pilar fundamental de la democracia”.

La realidad de esta renuncia iba mucho más allá. Era el motivo para acercarse a la candidatura presidencial de su partido, deseo que tenía desde hacía tiempo. Tuvo la oportunidad de ser el candidato a la presidencia de su partido para el período presidencial 2008-2012, pero la candidatura del PLD recayó nuevamente sobre el presidente Leonel Fernández, momento en el cual Medina expresó: “el Estado se impuso”.

Tras la victoria de Fernández en las primarias de 2007, el partido se enfrentaba al gran reto de reunificarse. La historia de nunca acabar. “El PLD unido, jamás será vencido”, (¿copiaban una frase originaria del PRD, su partido original?), expresión que manifestó Leonel ante la tensión que se proyectaba entre sus seguidores y los de Medina.

Seis meses después, en noviembre del 2007, en el sepelio de Javier González, dirigente peledeísta y ex cónsul dominicano en Miami, se encontraron los líderes morados, quienes se unieron (¿fundieron?) en un “caluroso” abrazo en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Moca.

Transcurrieron varios años y en 2012 Medina ganó la presidencia para el período 2012-2016. Tomó la decisión de reelegirse para el período 2016-2020, para lo cual hubo la necesidad de la modificación de la Constitución, decisión que incomodó a muchos de sus compañeros y en especial al presidente del Partido, Leonel Fernández Reyna, y hubo un nuevo distanciamiento, que pudo haberse acortado al darse un nuevo abrazo en diciembre de 2017, en la boda de una de las hijas del presidente Medina. ¿Abrazo social? ¿Político? Parece que ninguno de los dos, por los sucesos de 2018, año en que se disputa la candidatura presidencial del PLD para los comicios que se celebrarán en el 2020. Fernández ha mostrado su desacuerdo en una nueva modificación a la Carta Magna y Medina aún no confirma si va o no a repostularse. La ley no lo permite, pero modificar el artículo de la Constitución que sea necesario no es problema en un país como el nuestro en que la “Constitución es un pedazo de papel”, según lo manifestara el reelegido por excelencia, Joaquín Balaguer.

El Comité Central del PLD celebró una micro reunión el sábado pasado en la que Leonel propuso celebrar como abiertas las primarias internas de esa organización, lo que él mismo había sido rechazado vehementemente, y había sido preferido por Medina. ¿Este último dirá ahora a quién favoreció el poder del Estado? ¿Se oye o no se oye? (Balaguer, en una de sus múltiples tomas de posesión). Pero “no se vayan, que ahora esto se pone bueno”, como decía Buck Canel, conocido narrador deportivo de la Cabalgata Deportiva Gillette, o como diría nuestro recordado Rodriguito, “La vida sigue su agitado curso…”, ambos de los años 50-60 del pasado siglo, ¿Quién ganará? Eso, habrá que preguntárselo a Adela… (Max Reynoso).

Fuente: www.elcaribe.com.do

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Riqueza indecente

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Riqueza indecente

Crear riqueza en el tiempo, paso a paso, peldaño a peldaño, debe ser fascinante, especialmente si en el proceso se imponen la creatividad, la inventiva y esa energía épica de los ganadores inconformes que van siempre por más aunque hayan tocado la cúspide.

Quienes trabajaron su fortuna con tesón, valentía y denuedo, venciendo obstáculos, yugulando la pobreza y las limitaciones, son dueños de una vida que es en sí una narrativa colindante con el realismo maravilloso.

Los ricos con esas características suelen mostrar una sólida vocación desarrollista, se enfocan en impactar a favor de su entorno, en hacer que mucha gente salga de la pobreza a través del empleo y de aportes no vinculados con dádivas perversas, sino con la creación de capital social.

Estos son –desde mi óptica- adinerados orgánicos que le imprimen un valor extra a su fortuna, la legitiman y la convierten en aceptable al ganarse la buena voluntad de la gente, en una suerte de licencia social o de reconocimiento colectivo.

Este homenaje no se adapta a la riqueza indecente que se forma con rapidez, proviene del peculado, la estafa, el saqueo al Erario, el blanqueo y, de paso, resulta destructiva porque prefiere respaldar las malas prácticas y despertar la adoración o la idolatría al dinero por el dinero.

Es como una especie de anatema que provee confort material, pero a su vez marca a sus tenedores y a sus generaciones como pillos malvados, que no pueden alzar la voz ni sacar cabeza so pena de ser aplastados por el juicio implacable de la sociedad.

Es una riqueza incómoda de llevar, dolorosa, fétida, sin elegancia ni historia para contar. Es una abundancia fundada en la oquedad, en el vacío de espíritu, en la ausencia de alma, rodeada de fantasmas que acorralan a los dueños de estos caudales, tan pobres y tan miserables que no tienen más que dinero, como diría el poeta Joaquín Sabina.

Fuente: noticiassin.com

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La prolongación de la lucha interna eleva la vulnerabilidad del PLD

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La encarnizada lucha por el liderazgo y la candidatura presidencial del PLD y la acumulación de problemas nacionales y de grandes insatisfacciones abren perspectivas para un cambio político en el 2020 si la oposición logra sintonizar con la ciudadanía

Por Juan Bolívar Díaz

Todo parece indicar que la encarnizada lucha entre el presidente Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández por el liderazgo y la candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana para el 2020 se prolongará por tiempo aún indefinido incrementando la vulnerabilidad de su dominio político y poniendo en riesgo su unidad.

Las grandes insatisfacciones nacionales estallan cada vez más en las calles, pero la dispersión de la oposición dificulta romper la percepción de que no es posible desplazar al peledeísmo del poder por los niveles de controles políticos, institucionales y sociales que le han permitido gobernar por cuatro períodos consecutivos.

Todos dependen de Danilo

Es cada vez más visible que en el PLD todos dependen de la decisión que tome el presidente Danilo Medina sobre si acatará el límite constitucional que él mismo se autoimpuso en un pacto interno y juramento ante la nación para justificar una reforma constitucional que le permitió reelegirse en el 2016.

Como el mismo Medina dijo a mediados de agosto, sería en marzo cuando comunicará su decisión, que adelantó ya tiene adoptada, de si optará por otro período gubernamental, aunque en un segundo momento habló también de julio, lo que podría prolongar aún más la incertidumbre en su partido, mientras su contrincante sigue repasando la geografía nacional en su empeño por retornar al poder.

La prolongación de la indefinición de Medina sería letal para los precandidatos alternativos que esperan ganar su apoyo para intentar competir con el presidente del partido, que aparece líder en las encuestas tanto en el universo de los electores como entre los que confiesan su preferencia por el PLD, apenas con Francisco Domínguez Brito superando el 2 por ciento de las preferencias en encuestas como la de Gallup para HOY.

Es relevante que después de los dos mayores líderes peledeistas, que han gobernado cinco de los últimos seis períodos, quien aparece con mayores preferencias en todas las encuestas es la vicepresidenta Margarita Cedeño, generalmente ignorada en un partido donde el machismo parece lejos de haberse batido en retirada. Si pensaran en una candidatura alternativa de transacción ella debería ser la primera a ser tomada en cuenta, aunque muchos creen que no le beneficia su condición de esposa de Leonel Fernández, aunque podría sobrarle personalidad para actuar con suficiente independencia.

Tremendo círculo vicioso

La lucha grupal en el PLD, que ya se expande por todos sus niveles y alcanza límites de altos riesgos, ha caído en un tremendo círculo vicioso por el rechazo mutuo entre danilistas y leonelistas. Los primeros acarician la ilusión de encontrar una brecha que permita otra reforma constitucional para anular el impedimento del actual presidente para volver a postularse. Pero para eso lo primero sería convencer a unos 42 legisladores peledeístas firmemente comprometidos con Leonel, como quedó demostrado en más de un año de lucha de los danilistas por imponer el padrón abierto para elegir los candidatos. Si lo lograran todavía les faltaría buscarse una veintena de votos en la oposición política.

Hay quienes están convencidos de que el poder presidencial lo puede todo, pero lo del padrón abierto demostró, en la Cámara de Diputados, que tiene límites en las actuales circunstancias. Si Danilo no es rehabilitado para la candidatura, los peledeístas seguirán prefiriendo a Fernández, como mejor garantía de prolongarse en el disfrute del poder.

Los empeños por rehabilitar a Medina chocan con un rechazo tan grande que se ha extendido hasta el 71 por ciento de la población en la encuesta Gallup-HOY publicada en octubre, en incremento, ya que en febrero era 67 por ciento. Incluyó al 57 por ciento de los que se confesaron peledeístas. Aún cuando el 80 por ciento dijo creer que el presidente persigue continuar. Es cierto que en el 2015 pudo reformar la Constitución, pero la Gallup-HOY de septiembre del 2014 arrojaba un 66 por ciento que la favorecía. En la encuesta ASISA de septiembre los opuestos a otra reforma constitucional reeleccionista alcanzaron el 75 por ciento.

Aferrados a la ilusión

La cultura continuista nacional y las 39 reformas de la Constitución, las últimas 4 a partir de 1994 relacionadas con la reelección presidencial, más el arraigo de la creencia de que el presidencialismo lo puede todo, podría mantener la ilusión de que tarde o temprano se impondrá el continuismo y prolongar el tiempo en que Danilo anuncie su decisión final, si para marzo no ha cambiado la correlación de las fuerzas internas.

Los entusiastas promotores del continuismo de Danilo se ilusionan tanto, que a falta de ingredientes nacionales que los alienten, se han entusiasmado con “el extraordinario éxito de la histórica visita” del mandatario a China. La enorme propaganda desarrollada al respecto no será suficiente para cambiar las perspectivas en términos objetivos y tendrán que buscarse un palo que derribe a Leonel y le quite el apoyo del 40 por ciento de los legisladores del partido morado.

La alta tensión alcanzada por la rivalidad peledeísta es un factor que dificulta la imposición, pues ambos sectores son conscientes de que, aún con las debilidades de la oposición política, se necesitan mutuamente para seguir predominando cualquiera que sea el candidato. Pero además crece el número de los que entienden que será necesario un nuevo pacto interno para mantener la unidad y evitar los riesgos de perder tanto poder acumulado.

Las perspectivas no indican una pronta superación de la contienda, en tanto no emerja una alternativa opositora fuerte que los sacuda y permita ganar terreno a los partidarios de las negociaciones, algunos conscientes de que los grandes partidos se dividen generalmente en las luchas por las candidaturas presidenciales y que las divisiones no dan preaviso de fecha ni circunstancias. Los ejemplos sobren a nivel internacional y aquí los perredeístas se pelearon durante tres décadas, en el poder y en la oposición y lograban ponerse de acuerdo, hasta que se les agotó la pista y el más antiguo partido nacional cayó de una elección a otra del 47 al 5 por ciento del sufragio.

Retos para la oposición

La prolongación y posible profundización de la lucha intra PLD abre perspectivas para la oposición política, sobre todo cuando crecen las manifestaciones de insatisfacción y hastío por  la gestión gubernamental, que ya no solo se expresa en la Marcha Verde, sino que paralizó recientemente casi todas las 14 provincias del Cibao.

El acuerdo con que los aspirantes a la candidatura presidencial del principal partido opositor, el Revolucionario Moderno (PRM), llegan a la reunión de su Comité Nacional de mañana domingo, para la ratificación del voto interno para elegir sus candidatos, constituye un aliento y sería un segundo éxito después de haber renovado su dirigencia en todo el país en base a un nuevo padrón que no ha sido objeto de la menor impugnación.

Pero tanto el PRM como los demás partidos de oposición tendrán que convencerse de que ninguno por sí solo, y tal vez ni todos juntos, podrán vencer la inmensa maquinaria de poder montada por el PLD, a menos que consigan desatar fuerzas sociales latentes. Tienen a su favor un creciente movimiento desde la sociedad civil que trata de convertir en fuerza política-electoral las energías manifestadas en la Marcha Verde contra la corrupción y la impunidad. Una convergencia de grupos y ciudadanos relevantes en las luchas democráticas tiene una prueba en la asamblea que han convocado para mañana domingo para proclamar la necesidad de una “Coalición por la Regeneración Nacional y un Nuevo Modelo de Desarrollo Económico Social”.

El primer gran reto que tendría por delante esa movilización social es conseguir restaurar y profundizar la unidad de acción que mantuvieron durante dos años una decena de partidos, cuyo primer objetivo era presionar por cambios en el régimen electoral que pongan límites al abuso del Estado, en lo que los peledeístas tienen máster y doctorado.

El PLD no es invencible

La oposición tiene que romper el mito de que el PLD es invencible, por más fuerzas y dominación que haya acumulado, recordando que así era el reformismo balaguerista en 1978, con toda su manipulación política de las Fuerzas Armadas y la Policía que ahora ya no es posible,  y terminó desplazado por una conjunción político-social alentada por el hastío, la corrupción y los abusos antidemocráticos.

Tendrían que apelar al liderazgo social para vencer la inercia y la escasa credibilidad de la ciudadanía dominicana en los partidos, sólo 23 por ciento en la última Gallup-HOY, 20 por ciento en el Barómetro de las Américas y 15 por ciento en el Latino-barómetro. Mientras la última encuesta MarkPenn-SIN indicaba en agosto que el 59 por ciento de los dominicanos se confesaba sin vínculos partidarios.

La oposición tendría que aprovechar los meses que quedan de desconcierto en el PLD, sin contar con que pueda terminar en división, elevando al máximo su oposición a otra reforma constitucional reeleccionista y su exigencia de reformas electorales, y prepararse para explotar el hecho de que la más posible alternativa peledeísta, Leonel Fernández, tiene la más alta tasa de rechazo entre los presidenciables del país y que llegaría a la candidatura impulsado y lastrado por varios de los mayores corruptos del partido dominante.

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Opinión

La reelección como maldición

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La reelección presidencial ha sido una maldición para el pueblo dominicano desde 1848 cuando se proclamó, en pañales, la independencia. Desde Pedro Santana, hasta nuestros días, la continuidad en el poder de los grupos económicos y políticos ha impedido el fortalecimiento del Estado y de sus instituciones. Esos sectores son los responsables de que nuestro país ocupe los primeros lugares en los rankings de los más atrasados del mundo.

Nada bueno nos ha dejado la perpetuidad de  los dioses de la política en el gobierno. Las muchas dictaduras que ha padecido el pueblo han sido corruptas, violadoras de los derechos humanos, criminales sin escrúpulos y asesinos vulgares.

Reelección, fraudes electorales, golpe de Estado, traición, engaño, demagogia, robo, estafa, apresamientos políticos, torturas, exilio, desaparecidos y asesinatos, han sido los elementos que han caracterizado gran parte de los gobiernos que hemos tenido.

José Francisco Peña Gómez, un estudioso de la política nacional e internacional, se opuso siempre a la reelección presidencial. La historia le enseño los daños que le hace al país. Por eso elevó siempre la bandera de la no reelección.

Hipólito Mejía lo intentó, desoyendo la tesis del líder ya muerto, pero como era previsible,  por las razones que sea, fracasó. Ha reconocido en múltiples ocasiones que fue un grave error; ha dicho que la reelección es “una gran vaina” porque le hace daño a la democracia y al desarrollo del país. (Nunca es tarde para recapacitar).

En 39 ocasiones que nuestra Carta Magna ha sido modificada, casi siempre el tema está presente. Nadie quiere irse del Palacio Nacional, a menos que no sea muerto por la edad, o asesinado. Nos abocamos a otro intento de perpetuidad en el poder.

Danilo Medina es un hombre al que no se le puede creer nada de lo que dice. Primero dijo que sólo quería cuatro años “y ni un día más”; que no volvería 4 años después. Afirmó que para reelegirse había que “comerse un tiburón podrido”; que los funcionarios no saben distinguir entre el dinero público y el dinero de una campaña electoral. Un mudo, como lo es cuando le interesa,  habló hasta por los codos en contra de la reelección.

La historia es muy reciente. Todos la conocemos. Compró el Congreso para cambiar el texto constitucional; compró la Junta Central Electoral que le dio 62% a través de unos escáneres que no sirven, de los cuales aún debemos 40 millones de dólares; compró bocinas al por mayor y al detalle. Compró la voluntad popular. (Su  asesor, al que le agradece eternamente, era y sigue siendo, Joao Santana, el genio de Odebrecht).

Después de esos hechos bochornosos, dijo que no volvería nunca más, que el modelo de Estados Unidos es el mejor: un mandato, la posibilidad de otro, y nunca jamás. Ahora, como el que defeca y no lo siente, anda afanosamente tras otro periodo para lo cual está utilizando jueces, abogados, congresistas, ministros, políticos y otros “come yerba” (animales) para que, de un modo u otro, legitimen su repostulación.

Si en el 2015 le fue relativamente fácil hacer toda clase de artimañas para gobernar otros cuatro años, en esta ocasión el “horno no está para galletitas” en su  partido, donde el sector que encabeza Leonel Fernández, arrinconado y golpeado, no está dispuesto a cruzarse de brazos y dejar que las cosas pasen.

Y aunque lo hiciera, aunque los “leonelistas” se vendan como ganado, como lo han hecho muchos,  estoy convencido de que el pueblo, con todas sus organizaciones políticas y sociales, enfrentará al grupo de Palacio que encabeza Danilo Medina, como nunca antes lo había hecho. (Una cosa es llamar al Diablo y otra es verlo llegar)

 

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